Perros

Aunque soy más de gatos, gatas, gatetes… también me gustan los perros, así que hoy, 21 de julio, el Día Mundial del Perro, les dedico una entrada de We ♥, igual que hice una para los Gatos.

Un repaso de escritores y escritoras que tuvieron (o tienen) perros como mascotas, su papel en la literatura, reseñas de libros en los que aparecen, con mayor o menor relevancia…

Varios perros de distintas razas
Una imagen representativa de la gran variedad de perros que podemos encontrar. Fotografía de Hannah Lim. Fuente: Unsplash.

Los perros en la literatura

Desde hace mucho tiempo el perro ha estado presente en la vida cotidiana de los seres humanos, así que es evidente que tarde o temprano aparecerían en los libros. Por ejemplo, en las fábulas de Esopo (en este enlace se recogen varias) se pueden encontrar varias protagonizadas por perros. En El Quijote, de Miguel de Cervantes, también aparece un galgo cazador, y en la Odisea, de Homero, aparece Argos, el perro fiel de Odiseo (o Ulises), que le espera veinte años… En libros más recientes empezó a darse más protagonismo a los perros, a veces incluso contando ellos mismos su historia, como Colmillo blanco o La llamada de lo salvaje, los dos de Jack London; ¿Fue él?, de Stefan Zweig; Tombuctú, de Paul Auster

En algunos libros se entiende por el título que el perro va a ser importante, como en Un perro, de Alejandro Palomas. Aunque otras veces no tienen tanto protagonismo, como en El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, o en El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle. Donde casi siempre es de esperar que tengan mucho protagonismo es en los libros infantiles, y también suelen estar humanizados. Como en La Dama y el Vagabundo, escrito por Ward Greene y publicado en 1953, dos años antes de la película de Disney; o 101 Dálmatas, de Doddie Smith, también convertido en película de Disney. Y en ambos casos las películas han eclipsado totalmente a los libros. Otro ejemplo son los libros de Los Cinco, de Enid Blyton, donde el quinto del grupo es precisamente un perro, Tim.

Escritores amantes de los perros

Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, y parece ser que así ha sido para unos cuantos autores y autoras. Por ejemplo, Rosa Montero, Stephen King, Arturo Pérez-Reverte, Agatha Christie, Gertrude Stein, Victor Hugo, Thomas HardyJosé Saramago se inspiró en su propio perro, Cameons, para crear a Encontrado en su novela La caverna. Y Miguel de Unamuno, le dedicó este poema a Remo:

¿No es acaso mi dios que al mirarme

desde lo hondo del alma de Remo

con la cruz de la carne me hostiga mi eterno deseo?

Cuando pone en mi pecho sus patas

Y en mis ojos sus ojos el perro

¡Dios mío, Dios mío, por qué me has dejado!

Clamó el nazareno.

Lord Byron, que tuvo muchos animales, sintió predilección por su terranova Boatswain, al que enterró en un mausoleo, con una placa conmemorativa: «Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad, y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos». Truman Capote incluso escribía a su bulldog inglés: «Querido Charlie, aquí todos los perros tienen miedo y pulgas, no te gustarían nada. Te echo de menos. ¿Quién te quiere? T (quién si no)».

Elizabeth Barrett Browning tuvo un cocker spaniel llamado Flush. Y curiosamente Virginia Woolf, que tuvo varios perros, escribió Flush, un relato protagonizado por un perro que describe el mundo con su peculiar visión. También las hermanas Brontë tuvieron un perro, llamado Keeper. Un gran mastín que los vecinos llamaba «León», y que al parecer Emily usaba como «respaldo» mientras leía.

Reseñas

Entre todas las reseñas que tenemos no he encontrado muchos perros (y perras menos, es curioso que casi siempre sean machos los que aparecen en las historias…), pero algunos sí que hay, y hay una cierta variedad en el tratamiento hacia ellos. Por ejemplo, en La extraña desaparición de Esme Lennox, de Maggie O’Farrell aparece un perro sin nombre, aunque convive perfectamente con su dueña. Y en Vengaré tu muerte, de Carme Riera, por el contrario, continuamente se usa su nombre, Jimmy, y queda claro que es parte de la familia.

La extraña desaparición de Esme Lennox - Maggie O'FarrellVengaré tu muerte - Carme Riera

Hay libros en los que aparecen junto a otros animales, como en Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell, donde entre tantos animales no podía faltar un perro (Roger) o incluso tortugas que se comportan como perros. O en Rebelión en la granja, de George Orwell, donde algunos perros demuestran lo que es la obediencia ciega, porque llevan al extremo eso de ser tan leales.

Mi familia y otros animales - Gerald DurrellRebelión en la granja - George Orwell

A veces el libro demuestra lo buenos compañeros que son, y lo bueno que es tenerlos en nuestras vidas, como en La niña del faro, de Jeanette Winterson. Y otras veces se comprueba que algunas personas no los quieren, como en Monstruo de ojos verdes, de Joyce Carol Oates, o en La vegetariana, de Hang Kang.

La niña del faro - Jeanette WintersonMonstruo de ojos verdes - Joyce Carol OatesLa vegetariana - Hang Kang

En algunos libros se mencionan en la sinopsis, y luego ya leyendo se comprueba si de verdad tienen tanta importancia en la trama como parece indicar el resumen del libro. Por ejemplo, Un domingo como otro cualquiera, de Liane Moriarty, donde se menciona un perro revoltoso, o en Cartas cruzadas, de Markus Zusak, donde sabemos que el protagonista vive con un perro.

Un domingo como otro cualquiera - Liane MoriartyCartas cruzadas - Markus Zusak

Otras veces en la trama se reflejan los problemas que puede haber conviviendo con ellos. En La huella de un beso, de Daniel Glattauer, el dueño (casi circunstancial) no entiende a Kurt y eso desencadena muchas situaciones cómicas. Y en Basta con vivir, de Carmen Amoraga, la protagonista no tiene una buena relación con su perro.

La huella de un beso - Daniel GlattauerBasta con vivir - Carmen Amoraga

También podemos encontrar perros algo problemáticos, que pueden meter en problemas a sus dueños por sus costumbres, como en Juego de mentiras, de Ruth Ware. O no solo a sus dueños, sino a ellos mismos, como en Prohibido nacer, de Trevor Noah.

Juego de mentiras - Ruth WareProhibido nacer - Trevor Noah

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