«La vida es la constante sorpresa de saber que existo»

La frase del título es de Rabindranath Tagore, y creo que es una buena forma de empezar esta entrada de Ágora, llena de frases de escritores y escritoras sobre la sorpresa y el asombro, o sobre lo que nos sorprende y asombra. Porque, aunque no son exactamente lo mismo, sí que tienen mucha relación. Según la RAE, sorprender, en sus dos primeras acepciones, significa «pillar desprevenido» o «conmover, suspender o maravillar con algo imprevisto, raro o incomprensible», mientras que la primera acepción de asombrar es «causar gran admiración o extrañeza en alguien».

Un hombre con la boca abierta y un niño con los ojos muy abiertos
No sé si la expresión de sorpresa (ojos abiertos, cejas alzadas, boca abierta, y, a veces, descenso de la mandíbula) es universal en todas las culturas, pero en la foto de Mpumelelo Macu, tomada en Memolodi, Pretoria, Sudáfrica, creo que se refleja bastante bien que están sorprendidos. O atónitos. O por lo menos poniendo cara de sorpresa o de asombro… Fuente: Unsplash.

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«Todas las personas mayores fueron al principio niños»

La frase del título pertenece a la dedicatoria de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry (se lo dedica a su gran amigo León Werth y explica por qué lo hace). La frase completa es así:

Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan.)

Así que terminó corrigiéndose a sí mismo y dedicando el libro «A LÉON WERTH, cuando era niño».

Y esta entrada de Ágora se la dedico a los niños y niñas, a la infancia, a la niñez… precisamente en el Día Mundial del Niño y de la Niña que se celebra el 20 de noviembre.

Fotografía de niños y niñas mostrando sus botas llenas de barro
Algo imprescindible para la mayoría durante la infancia: botas de agua para el barro, los charcos… Fuente: Ben Wicks, en Unsplash.

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«Sin bibliotecas, ¿qué tenemos?»

Esta reflexión es de Ray Bradbury, y él mismo la contesta:

Sin bibliotecas, ¿qué tenemos? Ni pasado ni futuro.

Las bibliotecas son un lugar donde se recoge la memoria del pueblo y su identidad. Un caso claro de tratar de destruir la cultura de un pueblo fue el bombardeo por el ejército serbio de la Biblioteca Nacional de Bosnia-Herzegovina en Sarajevo, Vijecnica, el 25 de agosto de 1992. Dos millones de libros, setecientos incunables y miles de manuscritos se perdieron. La biblioteca volvió a abrir en 2014.

Restos de la biblioteca, y el músico bosnioherzegovino Vedran Smailović tocando su violonchelo.
En la foto, de Mikhail Evstafiev, se ven las ruinas de la Biblioteca Nacional de Sarajevo, y entre ellas el músico bosnioherzegovino Vedran Smailović tocando su violonchelo como un acto de resistencia pacífica por la destrucción de la memoria. Fuente: Bibliotecas destruidas víctimas del fanatismo, artículo de Público.

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