Alguien que anda por ahí de Julio Cortázar

Alguien que anda por ahí - Julio Cortázar

Sinopsis

Once relatos en los que Cortázar vuelve a erigirse como el gran cuentista argentino.

«También en el ajedrez y en el amor hay esos instantes en que la niebla se triza y es entonces que se cumplen las jugadas o los actos que un segundo antes hubieran sido inconcebibles.» Alguien que anda por ahí (1977) reúne once cuentos en los que Cortázar vuelve a superarse a sí mismo. Se abre con la inquietante melancolía de «Cambio de luces» y culmina con la violencia policial de «La noche de Mantequilla». Cortázar no sólo crea climas y situaciones irrepetibles, también es capaz de sorprender con proezas estilísticas como «Usted se tendió a tu lado», donde la historia se narra simultáneamente en dos registros distintos; o de rescatar un cuento escrito en los años cincuenta —»La barca o nueva visita a Venecia»—, intercalando comentarios que lo cargan de ironía y matices infinitos.

¿Por qué me decidí a leerlo?

En uno de mis retos literarios de 2022 tenía que leer en abril «un libro publicado el año de tu nacimiento». Y me costó encontrar alguno que no hubiera leído y que me apeteciera leer. Julio Cortázar, del que hasta ahora no había leído nada, publicó en 1977 este libro de relatos. Y me pareció una buena forma de descubrirle, y no conocerlo solo por fragmentos o frases sueltas.

¿Mereció la pena?

Sí, me ha gustado leer este libro de relatos, y me han sorprendido bastantes cosas en él. Por un lado, los relatos, casi todos con finales desconcertantes, aunque por distintas razones. A veces sí que me imaginaba qué iba a pasar y me hubiera gustado advertir a los personajes. Y otras veces no me lo esperaba en absoluto, pero en todos me hubiera gustado que el autor no parara ahí y que continuara la historia. Y, por otro lado, me ha asombrado la variedad de registros de Cortázar a la hora de narrar. Me sentía como si estuviera leyendo a autores diferentes. Al terminar el libro me hubiera gustado que el autor, o quien quiera que haya hecho la selección de relatos, explicara qué razones tuvo para juntar estos once relatos en este libro. ¿Simplemente por ser los últimos que había escrito? ¿Por el tipo de finales? ¿Porque eran justo unos que nunca se habían publicado en un libro? ¿Por simple azar?

Como cada vez que reseño un libro con varias historias, voy a explicar un poco que me ha parecido cada una.

Cambio de luces. Contado en primera persona por el protagonista, un actor de radioteatro. Tiene una admiradora llamada Luciana, que se ha prendado de su voz y le escribe cartas. Y tienen una cita… En este relato me hubiera gustado saber cuál es la reacción del protagonista por lo que ve al final de la historia, y también por qué le pide determinados cambios a ella.

Vientos alisios. Vera y Mauricio, que llevan 20 años casados, deciden hacer un viaje a Mombasa, Kenia, pero fingiendo que no se conocen. Y con libertad de hacer lo que quieran. Pactan poder reunirse en algunos momentos, y contarse qué les pasa o decidir acortar el viaje. Él conoce a Anna y ella a Sandro… Al final me hubiera gustado saber mucho más sobre las decisiones de los cuatro personajes. Está contado en tercera persona, pero a veces me parecía que eran los personajes los que narraban directamente.

Segunda vez. Otro relato contado en tercera persona. A María Elena la citan en una oficina para un trámite, y es inevitable que los que están en la sala de espera hablen entre ellos. Por algunos detalles parece claro que algo pasa cuando te citan por segunda vez… María Elena me despertó ternura, por lo confiada que parece, y me daba miedo lo que pudiera pasarle.

Usted se tendió a tu lado. Este relato está dedicado a G. H., que al parecer le contó esa historia al autor (y según cree el autor, se lo contó con más gracia). Trata sobre una madre y su hijo adolescente, que tiene interés de tipo sexual por una chica de su edad. Está contado en segunda persona. Los tiempos verbales y los pronombres me liaron un poco (solo hay que ver el título). Algunas situaciones, como la madre en la farmacia pidiendo preservativos, me hicieron gracia. Pero el final me generó rechazo.

En nombre de Boby. Relatado en primera persona, me pareció muy inquietante por la duda que va creciendo al ir leyendo, y también por la posibilidad que deja abierta al final. Un niño de 8 años que cree que su madre es mala con él y nadie entiende por qué lo dice. El narrador, que es el hermano de la madre, intenta que el niño confíe él y se lo explique, pero le cuesta…

Apocalipsis de Solantiname. Es el único que parece totalmente autobiográfico, con personas reales. Cortázar primero se encuentra con Carmen Naranjo, Sergio Ramírez y Samuel Rovinski en San José de Costa Rica. Después se marcha a Solentiname, Nicaragua, donde Ernesto Cardenal le enseña el lugar y las pinturas hechas por la gente del pueblo. Pero en vez de comprar alguna obra, decide fotografiarlas todas, para así proyectarlas en la pantalla de su casa. Además del reproche de su amigo Ernesto, algo le pasa al proyectarlas… Al final del relato pone «San José, La Habana, abril de 1976», y casi parece un relato premonitorio por lo que pasó en esas islas en 1977 (aquí un enlace sobre todo lo que hizo Ernesto Cardenal por Solentiname).

La barca o nueva visita a Venecia. Este es una revisión de un relato que escribió en 1954, y por la manera en la que lo revisa es el que más me gustó. Combina párrafos normales para el relato original con otros en cursiva, que son las reflexiones de Cortázar, y también de uno de los personajes, Dora, que no puede evitar reprenderle porque lo que cuenta no fue así. La protagonista es Valentina, que viaja con Dora, pero que conoce a Adriano… Y luego le pasan más cosas, algunas bastante desagradables. El final es abrupto, y no sé si es por mi imaginación, más algunas aportaciones de Dora, pero pensé que si la historia siguiera algo muy malo iba a pasar. Dora replica en primera persona, pero el relato está en tercera.

Reunión con un círculo rojo. La dedicatoria es «A Borges», y no pude evitar pensar que se refería a Jorge Luis Borges. Pero más bien se refiere al pintor venezolano Jacobo Borges, porque este relato se incluyó en un catálogo de una exposición suya. Me pareció una historia inquietante de principio a fin. El narrador habla de usted a un tal Jacobo, y va narrando lo que siente Jacobo, pero contándoselo a él (a Jacobo). Todo empieza y acaba en un restaurante casi vacío, llamado Zagreb, en Wiesbaden, donde no sabemos si hay que preocuparse por Jacobo, por una turista inglesa o por los que trabajan en él.

Las caras de la medalla. Dedicado «A la que algún día lo leerá, ya tarde como siempre». (Por esa dedicatoria pensé que era una indirecta bastante directa, que solo entendería de verdad ella). El narrador mezcla la tercera persona y la primera, así que al principio no sabía si en los momentos en que Javier y Mireille estaban juntos había alguien más, o solo ellos dos. Y todo porque Javier, que parece el narrador, pasaba con mucha facilidad de la tercera persona a la primera. El resultado es una peculiar historia, que no sé si llamar de amor o de atracción o qué. Porque parece que nunca es el momento adecuado.

Alguien que anda por ahí. La dedicatoria es «A Esperanza Machado, pianista cubana.» Y al final queda claro que lo escribió en Cuba, en 1976. Está narrado en tercera persona, y, aunque ya lo había hecho en otros relatos, en este destacan mucho los diálogos en medio de los párrafos, todo seguido. Un estilo al que me costó un poco habituarme. La historia parece un poco de espionaje, con un hombre que quiere ocultarse, ayudado por otros, pero que se relaja en el hotel escuchando a la pianista… Lo que toca la pianista son obras de Chopin, y también la canción Hay humo en tus ojos (Smoke Gets In Your Eyes). El narrador recuerda a Irene Dunne cantándola, y me puse a buscar qué canción era. A mí solo me sonaba la versión de The Platters (más información sobre la canción y sus versiones en este enlace).

La noche de Mantequilla. Este relato está contado en tercera persona, pero casi podría ser el protagonista, Estévez, el que la contara. Le encargan entregar un paquete durante un combate de boxeo a un desconocido que se sentará a su lado. A Estévez le gusta el boxeo, así que disfruta del combate, y, mientras, yo sufría porque me imaginaba todo lo que podría salir mal. Lo más curioso es que la pelea existió de verdad. En 1974 se enfrentaron el boxeador argentino Monzón y el cubano Nápoles, apodado Mantequilla. El organizador de la pelea fue Alain Delon, y en el relato no están muy contentos con la organización…

¿A quién se lo recomiendo?

A quien quiera leer unos relatos sorprendentes y que no dejan indiferente.

Ritmo de lectura

Bastante rápido, porque la mayoría son relatos muy cortos y se leen en poco tiempo. Aunque como siempre me pasa, entre relato y relato me dedicaba a otras lecturas.

¿Leerías algo más del autor?

Probablemente sí, aunque no estoy segura de si me atreveré con Rayuela, ya que me impone mucho.

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