“El deseo nunca es definitivo…”

La frase del título es de Zadie Smith (de su libro NW London) y completa dice así:

El deseo nunca es definitivo, el deseo es impreciso e ineficiente.

Es decir, que no parece que sea algo muy positivo o que nos satisfaga, y, sin embargo, ¿quién no ha sentido deseo o ha tenido deseos? ¿Es un sentimiento que nos frustra? ¿Tiene algo positivo? ¿Qué sería de nuestras vidas sin el deseo? Pues aquí van algunas frases que igual aclaran algo. O no.

Dos dientes de león cargados de semillas
Una de las formas de pedir un deseo es soplando dientes de león y que vuelen las semillas… Fuente: Pinterest, autor massiccio2007.

Para empezar, Cervantes advierte sobre la diferencia entre amar y desear:

Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.

Aunque si se junta el amor y el deseo, según Goethe puede ser muy positivo:

El amor y el deseo son las alas del espíritu para las grandes hazañas.

Pensar en el deseo es algo que empezó en la antigüedad. Y Ovidio ya se dio cuenta de algo que puede parecer bastante obvio:

No se desea lo que no se conoce.

Según Bertrand Russell todo lo que hacemos es fruto de lo que deseamos (o de nuestros impulsos):

Toda la actividad humana está motivada por el deseo o el impulso.

Henry Miller pensaba que da sentido a la vida:

Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia.

Otros piensan que no nos hará felices, como Epicteto de Frigia:

El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos.

Voltaire era de los que creían que hay que moderarse en los deseos:

Solo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos.

¿Y cómo se puede aumentar el deseo? Para Mointagne:

Prohibir algo es despertar el deseo.

Para André Maurois no cumplirlos es algo peligroso:

Todo deseo estancado es un veneno.

Pero también existe la decepción una vez cumplido el deseo, o a veces antes de cumplirlo, como explicó muy bien Michael Ende en La historia interminable:

Se puede estar convencido de querer algo -quizá durante años-, si se sabe que el deseo es irrealizable. Pero si de pronto se encuentra uno ante la posibilidad de que ese deseo se convierta en realidad, solo se desea una cosa: no haberlo deseado.

George Bernard Shaw no lo veía tampoco de forma muy positiva:

Hay dos tragedias en la vida. Una es perder el deseo de tu corazón. La otra es albergar un deseo en tu corazón.

Al final, parece que lo más importante es saber qué queremos de verdad, porque como escribió François de La Rochefoucauld:

Hay pocas cosas que desearíamos profundamente si realmente supiéramos lo que queremos.

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