La hija del tiempo de Josephine Tey

La hija del tiempo - Josephine Tey

Sinopsis

Postrado en una cama de hospital, el inspector Alan Grant se aburre mortalmente. Ni las anémonas de la señora Tinker, su ama de llaves, ni el ruibarbo estofado de la enfermera Darroll logran animarlo. Pero un día llega su amiga, la actriz Marta Hallard, con una vieja postal de Ricardo III, y Grant queda fascinado por su enigmático rostro. Ese no es el rostro de un monstruo jorobado, ni del supuesto asesino de niños que cuentan los libros de historia. Con la ayuda del joven y enamoradizo Brent Carradine, investigador del Museo Británico, Grant se zambulle en la Inglaterra de la guerra de las Dos Rosas, en pleno siglo xv, para desentrañar uno de los misterios más oscuros de la monarquía británica: ¿mató Ricardo III a sus sobrinos, los Príncipes de la Torre, para hacerse con el trono?

¿Por qué me decidí a leerlo?

Porque por ahora me habían gustado las novelas de Josephine Tey que había leído, El caso de Betty Kane y La señorita Pym dispone (la primera que leí y la que más me gusta por ahora). Y sin leer la sinopsis, y habiendo leído muy buenas críticas de esta novela, decidí que esta sería mi siguiente lectura de esta autora, esperando una buena novela de misterio.

¿Mereció la pena?

Sí, aunque al principio me llevé un chasco, porque no era lo que esperaba. Como no había leído la sinopsis no tenía ni idea de qué iba (aunque la cubierta podría haberme servido de pista), pero sí que pensaba que sería una novela sobre un misterio que resolvería el inspector Alan Grant. Concretamente un misterio actual, un asesinato o un robo, y la policía tiene que descubrir quién es culpable. ¿Y qué me encontré? A un inspector inmovilizado en la cama y muerto de aburrimiento, que demuestra ser un pésimo paciente. Y el misterio no aparecía por ninguna parte… Luego, poco a poco, y después de que Grant descarte cualquier tipo de lectura para entretenerse, empieza a perfilarse dónde va a estar la intriga. A mí esta parte, hasta que por fin Grant empieza a animarse porque quiere saber qué pasó realmente con Ricardo III y sus sobrinos, se me hizo muy lenta. Después ya me pareció una historia de misterio, con sus pequeños giros y todo, y me fue gustando mucho más.

Aparte de la trama detectivesca / histórica, lo mejor de la novela son los personajes, cada uno con una personalidad destacable. El principal es Alan Grant. Se cayó por una trampilla y no se sabe muy bien qué lesiones tiene en una pierna y en la espalda, pero tiene que permanecer acostado en la cama sin moverse. Y eso saca lo peor de él, porque al principio solo puede mirar el techo, le aburren los libros, no le gusta que las enfermeras le muevan de un lado a otro… A la enfermera Ingham la llama la Canija. No es tan bajita, pero Grant lleva mal que pueda moverle a su antojo. Y la enfermera Darroll, que es más robusta, al parecer merece el sobrenombre de la Amazona. Y es la que le da los primeros libros de Historia donde dan por hecho que Ricardo III era un malvado. Después le traen otros libros, supuestamente más rigurosos históricamente, como uno de Tomás Moro. Pero la versión de Moro no parece muy fiable…

Si Grant empieza a investigar ese episodio histórico es gracias a Marta Hallard, una actriz de teatro, que es casi la única que viene a visitarle. Ella le trae varios retratos de personajes históricos envueltos en algún misterio. Y uno de esos retratos es el de Ricardo III. (También los de Lucrecia Borgia o Luis XVII, delfín de Francia, pero sus intrigas sin resolver no le interesaron tanto). Porque Ricardo III en esa imagen no parece tan mala persona, y hace difícil pensar que asesinara a dos niños. También aparecen por ahí la señora Tinker, que trabaja en casa de Grant, y que no se corta a la hora de decir lo que piensa de la gente; el sargento Williams, que como buen subordinado le ayuda un poco; y Brent Carradine. Tarda en aparecer, pero acaba siendo uno de los personajes más importantes. Carradine suele investigar en el Museo Británico, así que es el que se dedica a indagar entre los papeles antiguos y sigue las instrucciones de Grant. Y acaba estando igual de interesado en la investigación.

El título no entendía bien a qué se debía. Al empezar a hacer la reseña y volver al principio me di cuenta de dos cosas. Que la novela incluye un retrato de Ricardo III, en el que también creo que no parece mala persona. Y que tampoco me fijé en el proverbio antiguo que aparece al principio: «La verdad es la hija del tiempo». Evidentemente a eso hace referencia el título, aunque si se refiere a que al final, pasado un cierto tiempo, todo se sabe, igual no es del todo aplicable a esta novela. Porque la Historia es difícil confirmarla si no se registraron los hechos o los que vinieron después hicieron desaparecer los registros. El traductor es Efrén del Valle Peñamil, que no ha traducido las frases en francés (Carradine no las entiende bien, pero Grant se supone que sí, pero no las explica del todo). Es un tema de la autora (o de la editorial inglesa), pero reconozco que cuando no traducen frases en otros idiomas me desconcierta. La ilustración de la cubierta es de Sara Morante, que me ha gustado mucho, aunque me parece que no reproduce del todo esa especie de tristeza que parecen reflejar los ojos de Ricardo III en los retratos.

Retrato de Ricardo III
Retrato de Ricardo III. Al parecer era muy característico retratarle con la cabeza un poco girada y como si estuviera jugando / tocando / girando uno de sus anillos.

Al final la novela tiene un Índice de hechos y personajes históricos, que no sé si debería habérmelo leído antes y así no liarme con tantos Enriques y Eduardos… Porque los personajes de la novela saben bastante bien a qué reyes se están refiriendo, pero yo estaba un poco perdida. Eso sí, al ir leyendo quién era Enrique VII, el otro «investigado» en la novela, y darme cuenta de que es el padre de Enrique VIII, empecé a decantarme por la versión que defiende este libro. La novela me hizo reflexionar. Primero, por hacerme recordar mi visita a la Torre de Londres. Esta novela es de 1951, y, aunque no recuerdo exactamente en qué año fui, sí que puedo asegurar que fue muchos años después. Y me llevé la impresión, siendo yo una niña, de que ahí, en esa torre, habían muerto dos niños. Puede que lo recuerde mal, pero creo que para atraer visitas seguían (y siguen y seguirán) fomentando el morbo sobre lo que pudo pasar con esos pobres niños. Después de leer la novela me leí este reportaje de National Geographic, para ver qué se sabe exactamente sobre esa desaparición: La desaparición de los príncipes en la Torre de Londres.

Retrato de Enrique VII
Retrato de Enrique VII. Entre los ojos y esas manos a mí me da la impresión de que algo turbio está tramando…

Otro tema sobre el que reflexioné fue sobre las noticias falsas (o fake news) y bulos que se transmiten hoy en día de forma muy rápida. Pero con este libro queda claro que lo de inventarse historias o crear rumores malintencionados ya se hacía en el siglo XV. Evidentemente no se transmitían esas falsedades tan rápidamente, pero sí que podían perdurar mucho tiempo. Y, como ahora, parece que mucha gente prefiere que la verdad (u otra versión que parece menos falsa y que tiene más lógica) no les estropee una buena historia. También me acordé del libro El peligro de la historia única, de Chimamanda Ngozi Adichie. Ella se refiere más bien al relato único que ha perjudicado tanto a determinados pueblos, y no a una persona concreta, pero al final la conclusión es la misma: el «vencedor» es el que acaba contando su historia y se relega u oculta la del «perdedor».

¿A quién se lo recomiendo?

A quien quiera ver cómo se desentraña un episodio de la Historia inglesa como si fuera una novela de detectives.

Ritmo de lectura

Al principio muy lento. En parte porque me transmitía el aburrimiento que debía estar sintiendo el protagonista, y también porque no llegaba lo que creía que iba a pasar…

¿Leerías algo más de la autora?

Sí, seguro, me quedan unos cuantos por leer.

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