Como el agua…

Normalmente en estas entradas de Ágora todo empieza con una palabra que me interesa, y después busco frases sobre qué significa o significó para algunos autores o autoras. Pero en este caso, buscando frases con la palabra mar (también me valía océano), me llamó la atención el elevado uso de la palabra agua para hacer comparaciones, mediante símiles o metáforas, y también explicando lo necesaria que es para la vida.

Gotas cayendo al agua
Gotas cayendo al agua. Fotografía de Erda Estremera en Unsplash.

La primera frase es de Tales de Mileto (624 a.C. – 546 a.C.), que sí que explicó qué era el agua:

El agua es el elemento y principio de las cosas.

Confucio (551 a.C. – 478 a. C.) usó el agua (y el fuego) para dar consejos:

No pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación.

E Isaac Newton (1642-1727) hizo esta comparación con lo mucho que quedaba por conocer en su época (pero igualmente se puede aplicar a hoy en día, aunque el conocimiento científico sea mucho mayor):

Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.

Miguel de Unamuno pensó esta para dar ánimo:

Jamás desesperes, aun estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante.

Arturo Graf usó el agua para explicar (en parte) el amor:

El amor es como el agua, si algo no lo agita, se echa a perder.

Una expresión muy usada es el agua y el aceite, que no se pueden mezclar. Y así la usó José Saramago:

La alegría y el dolor no son como el aceite y el agua, sino que coexisten.

También sirve para explicar el afán de riqueza, de Arthur Schopenhauer:

La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da.

Y, siguiendo con el agua salada, una frase bastante famosa de Karen Blixen (también conocida por su seudónimo, Isak Dinesen):

La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar.

También puede compararse con algo necesario o básico para vivir, como hizo Sylvia Plath:

¡Satisfacción! No podría vivir sin ella. Es como agua o pan, o algo absolutamente esencial para mí.

O para explicar cómo se consigue la verdad, según Mariano José de Larra:

La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino a través del cieno.

Mark Twain creía que había dos tipos de escritores, los compara con el agua y el vino, y demuestra su modestia:

Mis libros son como el agua, los de los grandes genios son como el vino. Por suerte todo el mundo bebe agua.

Y hablando de agua y vino, en este caso de su mezcla, un símil de Emily Brontë:

En ocasiones he soñado cosas que no he olvidado nunca y que han cambiado mi modo de pensar. Han pasado por mi alma y le han dado un color nuevo, como cuando al agua se le agrega vino.

El agua incluso sirve para demostrar la libertad que se necesita para escribir, según Mijaíl Bulgákov, que sufrió censura y la prohibición de sus libros:

Si algún escritor intentara demostrar que la libertad no le es necesaria, se asemejaría a un pez que asegurara públicamente que el agua no le es imprescindible.

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