¡Qué contraproducente puede ser obligar!

Este tema ya lo empecé en Fomento de la lectura, aunque era más bien a nivel personal: no tomarte como una obligación leer algo concreto o simplemente leer, porque puede quitarte las (pocas) ganas que tengas de leer. Pero esta entrada trata sobre los momentos en los que alguien externo te obliga a leer, como, por ejemplo, en el colegio o en el instituto.

¡No quiero leer!
«Book» de Pavel Kuczynski. Fuente: ¡No quiero leer! Con recomendaciones para conseguir que los niños lean.

Caso 1

Caperucita en Manhattan

Mi libro más odiado. Se trata de Caperucita en Manhattan de Carmen Martín Gaite. Cuando estaba en el instituto, en clase de Literatura nos mandaron sí o sí leérnoslo, porque después había que hacer un trabajo sobre él. Como la profesora se lo mandó a todas sus clases, me costó mucho conseguirlo. En la biblioteca estaba reservado, en la librería agotado (no eran los tiempos de ahora, en que lo pides por internet y al día siguiente ya lo puedes tener en casa), y tuve que esperar a que una amiga se lo terminara para leerlo yo.

Así que ya por fin tenía el libro y pocos días para leérmelo (aunque nos dio tiempo de sobra, creo que había que leerlo en el primer trimestre, es decir, unos dos meses). Empecé a leerlo y se me atragantó. No me gustaba la historia, no entendía a qué venía hacer una adaptación de Caperucita roja (porque además el cuento nunca me ha gustado) y me costó muchísimo leérmelo. Me lo terminé porque era obligatorio, pero encantada lo hubiera dejado abandonado. Lo único que me reconfortaba era no haber tenido que comprar el libro y gastarme el dinero en «eso».

Ya casi no recuerdo de qué iba, así que no sé hasta qué punto lo que me disgustaba era la historia o si era sobre todo por haberme sentido obligada a leer algo que no quería (en el colegio nunca me había pasado, la elección de las lecturas era libre). Pero sí que recuerdo la sensación que me dejó, y por eso la manía que le tengo a leer por obligación, porque me sigue dejando un mal sabor de boca este episodio.

Caso 2

Orgullo y prejuicio de Jane Austen

En este segundo caso, se trata, casualmente, de la experiencia que tuvo la amiga que me prestó el libro. Un día le comenté que uno de mis libros preferidos era Orgullo y prejuicio de Jane Austen. Y para mi gran sorpresa ella me aseguró que «odiaba» ese libro (no sé si en el mismo grado en el que odiaba yo Caperucita en Manhattan). Resulta que en el colegio les mandaron leer ese libro y no le gustó nada de nada.

Como no me podía creer que se tratara de Orgullo y prejuicio, traté de averiguar si no se trataba de otro libro, pero ella estaba muy segura. A mí me sigue extrañando que en el colegio mandaran ese libro (porque es de una autora inglesa), pero está claro que la dejó marcada. Como ya no seguimos en contacto, no sé si habrá cambiado de idea con respecto a Jane Austen, ojalá que sí, porque es mi autora favorita, como ya os comenté.

Caso 3

Yo, Claudio de Robert Graves

Mi profesora de latín del instituto decidió que teníamos que hacer un trabajo sobre un libro. En este caso la obligación era hacer el trabajo, pero dio varias opciones de libros y cada alumno podía leer el que quisiera. Solo recuerdo dos: Quo vadis? de Henrik Sienkiewicz y Yo, Claudio de Robert Graves. Como la historia de Quo vadis? ya me la sabía (y pensaba que no me iba a gustar), elegí Yo, Claudio. Y me encantó e hice el trabajo gustosamente. Después me leí la continuación: Claudio el Dios y su esposa Mesalina, vi la serie… Todo un descubrimiento el autor y la historia.

Conclusión

Después de exponer los tres casos, creo que lo más sensato es dejar algo de elección a los alumnos en lo que van a leer, como hizo la profesora de latín. Entiendo que es importante fomentar la lectura de obras recomendables y clásicos de la literatura, pero obligando a leer un solo libro pueden conseguir que personas como yo, que amamos la lectura, acabemos odiando un libro (e incluso evitando cualquier libro de la autora). Así que no me quiero ni imaginar qué le puede pasar a alguien que ya de por sí no suele leer mucho: puede acabar desistiendo y dejar de leer porque «los libros son un rollo».

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