Manías nuestras (II)

Primero nos contó Concha sus manías o pequeños secretos (in)confesables a la hora de leer, y ahora me toca a mí. He decidido dividirlo en dos apartados, porque ya que me estoy «confesando» voy a contar mis manías actuales y también las que ya no tengo. Pero igual vuelvo a tenerlas, nunca se sabe…

Mujer sumergida en la lectura. Ilustración de Virginia Mori.
Mi postura natural leyendo: tumbada. Soy capaz de leer muchos libros a la vez, pero sin llegar al extremo de la ilustración (de Virginia Mori).

Manías actuales

Algunas ya las he contado, como la de no poder evitar leer cualquier conjunto de letras (que ya conté en la entrada Leer), o la de Leer el final de los libros antes de tiempo, pero tengo muchas más (y las que probablemente ahora mismo no recuerdo):

    • Leer tumbada boca arriba. Soy capaz de leer en muchas posturas (sentada, hecha un gurruño, de pie, boca abajo, de lado), pero mi tendencia natural es tumbada y boca arriba. Y en la cama. Excepto en la playa, que me suelo poner boca abajo bastante a menudo, porque me empeño en no usar gafas de sol y suele ser incómodo tapar el sol directo con el libro o con la mano.
    • Leer varios libros a la vez. A no ser que el libro me tenga muy enganchada, no soy capaz de leer un solo libro hasta terminarlo y entonces pasar a otro. Las razones de tener varios empezados son variadas (que un libro se me haga pesado, que necesito desconectar de uno demasiado intenso, que pesa demasiado y es incómodo seguir leyendo, que me he quedado sin batería en el lector…), pero es que necesito seguir leyendo, así que continúo con otro o empiezo uno nuevo. Esto también facilita dejar libros sin leer, porque me acabo olvidando de que los estaba leyendo…
    • No saber dónde he puesto el marcapáginas. Igual esto más que manía es puro despiste. Como me gusta leer tumbada, cuando voy a dejar de leer, el 90% de las veces tengo que ponerme buscar el marcapáginas porque no sé dónde está. A veces lo tengo encima, otras está en el suelo, o dentro del libro (pero como no lo hago siempre, acabo teniendo que buscarlo), caído por detrás de la cama, bajo las sábanas… A veces desisto en su búsqueda y acabo haciendo lo que pone en el siguiente punto.
    • Usar cualquier cosa como marcapáginas. He usado etiquetas de ropa, trozos de papel arrancados de cualquier sitio, marcapáginas o tarjetas comerciales, gomas del pelo (que curiosamente también tengo tendencia a perder), las solapas del libro (si tiene), etc.
    • Me da igual no acabar un capítulo, pero siempre tengo que dejar el libro terminando en una frase o un párrafo. Si es un libro físico tiene que ser en página par, es decir, la página que queda a la izquierda; en libro electrónico eso da igual.
    • Fijarme en cuántas páginas quedan del libro. Lo de fijarme es más bien un eufemismo, porque puede llegar a ser un poco obsesión. Si es un libro físico, miro el número final de páginas y hago la cuenta. Y si es un libro electrónico ya lo pone, y también el porcentaje. Saberlo normalmente me hace leer más, porque ya queda menos…
    • Ser demasiado literal. Esto más que una manía es directamente un secreto (in)confensable. Me gusta el lenguaje directo, así que no leo casi poesía (solo poemas sueltos). Cuando estaba en el colegio/instituto creo que me traumaticé con los análisis de textos. Cada vez que tocaba un poema, soneto o cualquier cosa en verso era una tortura porque se me daba fatal. No era capaz de encontrar los dobles y triples sentidos. Así que adoro la prosa sencilla y directa.
    • Sufrir por los libros. Soy incapaz de hacerle cualquier tipo de daño a un libro o tirarlo a la basura. Voy a clases de encuadernación y cuando tengo que desmontar alguno no lo paso muy bien (y eso que es por su bien, con lo bien que quedan después de todo el proceso). Eso sí, en algún momento de mi juventud he doblado una página para marcar por donde iba, pero era demasiado sufrimiento y ya no lo hago nunca. Y subrayar, pero solo en libros de texto, y tampoco lo he vuelto a hacer.

Manías del pasado

Son menos que las actuales, pero así puedo considerarme un poquito menos maniática.

    • Coleccionar libros. O, mejor dicho, terminar un libro por el simple placer de colocarlo en la estantería y verlo ahí, junto a los otros libros, y que cada vez estuviera más llena la estantería.
    • Muchas ganas de prestar libros, por el placer de que la gente leyera lo mismo que yo. Se me pasaron cuando me di cuenta de que muchas veces o no me los devolvían o me los devolvían sin leer… Eso no quiere decir que no preste libros, pero ya no lo hago con tantas ganas. Prefiero regalarlos directamente (pero no los míos).
    • Leer mientras ando. De más joven lo hacía mucho, sobre todo si estaba muy enganchada. Ahora, valorando mi integridad física (porque me puedo abstraer demasiado y ser un peligro público igual que los que van mirando el móvil), lo he dejado.
    • No leer libros de relatos cortos. Siempre me ha molestado eso de los libros que recopilan varias historias, de uno o más autores, pero creo que se debe más a la sensación de que si acaba la historia, se tiene que acabar el libro. Pero no, sigue (y no podía ponerlo en la estantería como terminado). Desde que empecé con esta web parece que lo llevo mucho mejor, así que creo que puede considerarse ya superada.

Y ya con esto lo dejo, que miedo me da seguir encontrando muchas más y obsesionarme con que tengo demasiadas.

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