Una historia que marcó mi infancia. Aunque más que el libro, lo que me dejó marcada fue el ballet (y después me enteré de que existía el cuento). Recuerdo que tenía grabado el ballet en una cinta de vídeo, de alguna vez que lo echaron en televisión. Y que me quedaba embobada mirando cómo bailaban… Luego ya empecé a «imitar» a los bailarines, y hasta pensé en asistir a clases de danza. Hasta que mi madre me contó que las bailarinas se hacían sangre por bailar de puntillas. Evidentemente desistí, porque, aunque me gustaba bailar, no era capaz de hacer semejante sacrificio.






