El Cascanueces

Una historia que marcó mi infancia. Aunque más que el libro, lo que me dejó marcada fue el ballet (y después me enteré de que existía el cuento). Recuerdo que tenía grabado el ballet en una cinta de vídeo, de alguna vez que lo echaron en televisión. Y que me quedaba embobada mirando cómo bailaban… Luego ya empecé a “imitar” a los bailarines, y hasta pensé en asistir a clases de danza. Hasta que mi madre me contó que las bailarinas se hacían sangre por bailar de puntillas. Evidentemente desistí, porque, aunque me gustaba bailar, no era capaz de hacer semejante sacrificio.

Sello alemán con la representación de un cascanueces
Como todo buen clásico que se precie, el Cascanueces se merecía un sello postal. Fuente: Wikipedia.

En algún momento mi madre me contó que esa historia provenía de un cuento, y me lo quise leer para entender mejor lo que se veía en el ballet (porque como no hablan, no me quedaba del todo claro). Así que me regaló el libro, pero no recuerdo que me entusiasmara mucho. Lo que me gustaba, y me gusta, era la música (han pasado muchos años y mi compositor favorito sigue siendo Chaikovski, y sé perfectamente que es por su Cascanueces, y no tanto por el resto de su obra). El CD que tengo, que incluye también El lago de los cisnes, es la versión para concierto (Suite op. 71a), con las ocho piezas seleccionadas por el mismo Chaikovski.

La historia original

Cubierta Nussknacker und Mausekönig

Es obra de E. T. A. Hoffmann. Se titula El cascanueces y el rey de los ratones (Nussknacker und Mausekönig), y se publicó en 1816. La protagonista es una niña de siete años, Marie, que vive con sus padres y sus dos hermanos, Fritz y Luise. Es un cuento con final feliz y una historia de amor, aunque para que acaben juntos tienen que pasar los años (que Marie es una niña…). También es un reflejo de cómo los niños suelen acabar prefiriendo los juguetes sencillos, como un simple cascanueces capaz de partir las nueces, frente a todos los artilugios que crea el padrino Drosselmeier, que es relojero y también juguetero. En esta historia, el Cascanueces parece un regalo del padre, y no del padrino, aunque Drosselmeier sabe el origen del Cascanueces y hasta parece estar emparentado con él…

Como decía antes, la historia no pasó a ser de mis favoritas, y como la he vuelto a leer, creo recordar por qué. Por los ratones. Estoy casi segura de que me dieron pena. Igual no tanto el Rey de los ratones, de siete cabezas, que era demasiado comilón y un chantajista. Pero sí su madre, doña Ratonilda. Vale, son malvados, pero vaya finales que tienen… Cuando releía la historia pensaba que probablemente no sea una lectura para niños muy pequeños, no solo por la crueldad (aunque igual actualmente se están edulcorando demasiado algunos cuentos clásicos), pero también porque me parece una trama bastante compleja. Definitivamente Hoffmann tenía mucha imaginación, y sus descripciones me parecen excelentes.

La versión de Alejandro Dumas

Portada de Histoire d'un Casse-Noisette

Historia de un Cascanueces es el cuento que publicó Alejandro Dumas, padre, en 1844. Y él mismo cuenta en el libro cómo en el cumpleaños de un niño, amigo de su hija, se fue a una sala donde pensó que estaría solo con sus pensamientos, se quedó dormido en una cómoda butaca, y al despertar se encontró atado. A cambio de soltarle, los niños le pidieron un rescate y aceptaron liberarle si les contaba una historia. Y él se acordó del cuento de Hoffmann… Hizo algunos cambios, entre ellos cambiarle el nombre a Marie, y llamarla Clara, o hacer que Drosselmeier sea un poco mago (o eso creo, porque esta versión no me la he leído). También le debió de dar el famoso toque Dumas, que convertía cualquier historia en un éxito, y que probablemente hizo que la narración fuera más emocionante.

Además, su versión parece que es más infantil, aunque se supone que Hoffmann también la escribió como cuento infantil, ya que como narrador se dirige muchas veces a los que cree que son sus lectores, y son niños. Probablemente Dumas hizo que la historia fuera algo menos cruel, pero sin cambiar mucho la historia, ni su esencia. Esta es la versión que adaptaron Iván Vsévolozhsky y Marius Petipa para el libreto del ballet al que Chaikovsky puso música. Marius Petipa también fue uno de los coreógrafos del primer ballet, que se representó el 18 de diciembre de 1892 en el Teatro Mariinski de San Petersburgo. Pero en los sucesivos ballets han ido cambiado los bailes y los montajes, lo único que se mantiene es la música.

Otras versiones

The Nutcracker and the Four Realms

Al ser una obra que ya no tiene derechos de autor y que se ha convertido en universal, en cada nueva adaptación, ya sea en forma de libro, ballet o película, se pueden encontrar pequeñas o grandes diferencias. Pero en la última que he visto, la película de Disney El Cascanueces y los cuatro reinos, las diferencias son abismales. Ya Disney usó parte de la música para su película Fantasía, sin seguir la historia, simplemente acompañando los dibujos con varias piezas musicales. Pero en el caso de esta película han cambiado muchas cosas de la historia original (tanto la de Hoffmann como la de Dumas). Y parece otra historia, en la que coinciden los personajes y poco más. Eso sí, es espectacular, y la historia me gustó, pero…

Me decepcionó por dos razones. La primera es que no usaron toda la música para la banda sonora, y por eso dejaron fuera mi danza favorita, que es la Danza rusa. Ese fue mi mayor chasco, porque estaba deseando escucharla. La segunda fue que me esperaba la historia clásica… aunque no está mal la nueva que se han inventado (y más pensando que es como una especie de segunda parte, con Clara siendo hija de Marie, siguiendo los pasos de su madre, la primera niña que ayudó al Cascanueces). También me pareció que usar el nombre de Cascanueces parecía más un reclamo publicitario, porque creo que le quitan bastante importancia al personaje. Pero eso tampoco me importó mucho, porque me gustó Clara como protagonista (buena) absoluta.

Conclusión

Tengo varias. Que es un clásico que merece la pena, sea en la versión que sea, porque es un excelente ejemplo del poder de la imaginación, no solo por la idea original de Hoffmann, sino por todo lo que ha generado después.

Además, es maravilloso que de una obra literaria acabara saliendo uno de los mejores ballets del mundo, que es un placer escuchar y también ver representado en un escenario.

Que viene bien para recordar que los niños, ya sea en época navideña o en cualquier otra, no necesitan un exceso de regalos, sino algo que fomente su imaginación.

Y también que deberíamos ser capaces de disfrutar de los placeres sencillos, como escuchar una historia o cascar nueces…

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