La más recóndita memoria de los hombres de Mohamed Mbougar Sarr

La más recóndita memoria de los hombres - Mohamed Mbougar Sarr

Sinopsis

Una novela perdida. Un escritor maldito. Una búsqueda. Un viaje iniciático. La resolución de un misterio.

1938: el escritor africano T. C Elimane, al que llamaban «el Rimbaud negro», publica una novela titulada El laberinto de lo inhumano. Estalla la polémica, se le acusa de plagio, se arma un gran escándalo, el autor desaparece y su obra se convierte en un libro maldito.

2018: el joven escritor africano residente en París Diegane Latyr Faye descubre la novela perdida y decide indagar sobre el autor desaparecido. Tirando de diversos hilos, con la ayuda de una enigmática mujer que guarda muchos secretos y de un grupo de jóvenes escritores africanos que beben, aman y escriben con desafuero, el protagonista se embarca en un viaje en busca de un mito y acaso también de sí mismo. Las pistas le llevan al Buenos Aires de la revista Sur, Gombrowicz y Sabato, a dos gemelos, a supuestos actos de brujería, a un hombre dividido entre dos culturas, a fantasmas del pasado y fantasmas del presente. ¿Qué fue de Elimane? ¿Qué se ocultaba tras el escándalo que hundió su carrera? ¿Quién era en realidad ese escritor que brilló y desapareció como una estrella fugaz?

¿Por qué me decidí a leerlo?

Me la recomendó mi amiga, la que es tan leona como yo, y en la que confío siempre porque coincidimos en casi todo lo que nos gusta, con alguna excepción. Me dijo que se la había recomendado uno de sus compañeros de la escuela de escritura, y no me lo pensé ni un segundo para ponerme a leerla.

¿Mereció la pena?

Me ha encantado esta novela que es como un puzle que, poco a poco, va encajando hasta llegar al final. En la que un escritor, fascinado por la obra de otro, intenta encontrar a este otro autor. Porque no entiende que, habiendo escrito una única obra estupenda, no haya vuelto a escribir nada. El autor utiliza diversos recursos narrativos, como cartas, un diario, o archivos ficticios, para contar cómo los escritores africanos transitan por el dilema de la herencia de la doble tradición africana y francesa que les ha quedado por el colonialismo. Si quieren ser escritores tienen que marcharse a Francia para poder serlo, porque en sus países no hay costumbre lectora ni dinero para poder editar y comprar libros. Además, si escriben en su lengua tienen muy pocas posibilidades de que el mundo traduzca su obra y pueda ser leída por más gente. Así que tienen que marcharse a Francia para poder escribir, cosa que tampoco les resulta fácil, y, mientras, en su país se les critica. Menos mal que al autor no le ha pasado esto, de momento, y con esta novela ha ganado el premio Goncourt. Pero siempre les queda en algún momento poder volver a su país y como acto revolucionario escribir en su lengua materna. Esto lo ha hecho muy bien el autor, porque ha tendido puentes entre la literatura africana y la francesa, ya que el libro está escrito en francés, pero la temática es africana.

Es una novela a veces detectivesca, a veces un relato de aventuras y viajes buscando a ese autor desaparecido. También con reflexiones metaliterarias y algo de realismo mágico, y, sobre todo, una declaración de amor por parte del autor a la literatura, a la que hace la gran protagonista de la obra. Es una novela que, además de entretener, denuncia no solamente el colonialismo o la política del país del escritor, también cómo es el comportamiento con escritores que no son europeos. Somos condescendientes con ellos y los ponemos de moda igual que después los olvidamos. Yo espero que este autor sí pueda escribir más y que se traduzca al castellano su obra, porque no quiero perderlo de vista, y espero que no le pase lo mismo que al escritor de su libro, que nunca pudo escribir nada más. Hace reflexionar sobre la propia literatura, la creación literaria y la inspiración que, a veces, los críticos no tienen nada claro y confunden con plagio. Un buen rapapolvo también para los críticos literarios que en ocasiones escriben sobre obras que ni tan siquiera han leído y son capaces de influir en el público. Por eso yo cuando hago estas reseñas y el libro no me ha gustado nada, soy incapaz de decir que es malo. Porque quien soy yo para influir en alguien que pueda leerme, y mis gustos pueden ser muy diferentes a los de otra gente. Así que, como conclusión, creo que no hay que hacer caso de los críticos en ningún caso, ni en literatura, ni en teatro, ni en música. Deberían dedicarse a escribir, aunque dicen que se hacen críticos porque justo lo que no saben es escribir.

¿A quién se lo recomiendo?

A quien le guste que la literatura sea la propia protagonista de una novela.

A quien le encante que en los libros se hable de mil cosas. Aquí se habla de literatura, pero también de amor y de pasión.

A quien le gusten las novelas que traten sobre el colonialismo.

Ritmo de lectura

Rapidísimo.

¿Leerías algo más del autor?

Por supuesto que sí.

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