Criados y doncellas de Ivy Compton-Burnett

Criados y doncellas - Ivy Compton-BurnettManservant and Maidservant - Ivy Compton-Burnett

Sinopsis

Ivy Compton-Burnett es una de las mayores novelistas del siglo XX y Criados y doncellas una de sus obras más perfectas. Como siempre, la autora británica indaga en las sombras de la familia y el poder, abordadas en esta ocasión con un ingenio destilado con la delicadeza de matices propia de los mejores whiskies.

Horace Lamb es un déspota con su mujer, sus hijos, con el servicio. Y su mansión —otro de los personajes esenciales— se prepara para servir de escenario ideal, preferiblemente durante el desayuno o el té vespertino, a una cómica y a la vez sobrecogedora liturgia de la humillación. Por debajo de los afilados y sangrantes diálogos flotan asuntos como el crimen, el parricidio o el adulterio.

En otro plano, el servicio —especialmente el mayordomo Bullivant y la cocinera— representan otras ceremonias, reflejo de la hipocresía y el cinismo de sus amos. Y en una tercera dimensión, los niños ejercen con toda impunidad su terrible crueldad.

¿Por qué me decidí a leerlo?

Cuando escribí la efeméride de Ivy Compton-Burnett pensé que quería leer algo escrito por ella. Y cuando encontré este libro en la biblioteca me pareció que era el momento adecuado.

¿Mereció la pena?

No era exactamente lo que me esperaba, pero me ha gustado leer esta novela, que, con un humor ácido, cuenta las relaciones entre los miembros de una familia, y también de la servidumbre, entre ellos y con la familia. Aunque tampoco es sorprendente que no fuera lo que esperaba, porque ni me leí la sinopsis. Por el título creía que se centraría en los criados de la casa, pero tienen también mucha importancia, casi más, los miembros de la familia y algunas personas del exterior de la casa. Lo que sí me resultó novedoso fue la parte sobre cómo se relacionan los sirvientes entre ellos, porque lo más frecuente en muchas novelas es que o bien son simples figurantes, casi adornos, o solo sabemos lo que les pasa si tiene relación directa con la familia a la que atienden. Excepto si la novela se centra en las clases bajas, que entonces puede ser justo al revés, los ricos solo aparecen para mandar o maltratar a los protagonistas.

La historia empieza de una forma bastante absurda, con varios personajes discutiendo sobre si humea o no la chimenea, y, si lo hace, por qué será. Pero es una excelente forma de conocer el carácter retorcido de Horace y sus excesos con el ahorro; la indolencia de su primo Mortimer, que parece un poco inútil; la forma de servir de Bullivant, el mayordomo, más acostumbrado a no mancharse las manos, aunque acabe resolviendo la situación; o la torpeza de George, que es el segundo del mayordomo, y al que se le empieza a notar que igual lo de ser sirviente no es lo suyo. Una vez solucionado el problema, igualmente sigue dando pie a que conozcamos a Charlotte, la esposa de Horace, que parece que no se implica en casi nada, pero trata de que Horace no sea tan duro con los hijos; y a la tía Emilia, tía de los dos primos, que lleva toda la vida viviendo en la casa. La tía Emilia se ha encargado de mediar en la familia y de dar clase a los cinco hijos de Charlotte y Horace.

Poco después se producen dos cambios. Primero, la llegada de Gideon Doubleday, para encargarse de la educación de los cuatro mayores. Y segundo, la marcha temporal de Charlotte, que hace que todos los miembros de la familia se sientan muy solos. Y parece ser que por eso (porque a mí me parecía un poco inexplicable) les parece muy natural que la madre de Gideon, Gertrude, y su otra hija, Magdalen, se conviertan en invitadas de la casa. El resto de personajes son la señora Selden, la cocinera, muy creyente y sufrida, pero que aguanta estoicamente. Su cruz es la pobre Miriam, su ayudante, que se crio en el orfanato, y que parece muy simple, pero que acepta su lugar en la casa y en la vida, al contrario que George. Sara, la hija mayor, es seria y responsable; Jasper, el mayor de los niños, y Marcus, son los dos «crueles» a los que se refiere la sinopsis, pero a mí no me pareció para tanto; Tamasin, la hija más pequeña, que suele reírse mucho con Marcus y es más coqueta que Sara; y Avery, el más pequeño de todos, al que continuamente intentan evitar que se entere de las cosas porque es demasiado pequeño. Y a mí me resultó el más adorable.

Se trata de una novela muy coral, porque todos los personajes tienen su importancia y algo que decir. Y lo de decir es literal, porque la mayor parte de la novela son diálogos, y solo de vez en cuando una narradora en tercera persona hace alguna aclaración. En general, me hacían más gracia las «explicaciones» que daba la autora a lo que decían los personajes que los propios diálogos. También me resultaba llamativo que parecía que iban a zanjar un tema, pero de repente decidían que no, y seguían y seguían. En esos momentos les hubiera venido bien unas frases de la señorita Buchanan, mi personaje favorito (aunque tarda en salir y me parece una pena que no tuviera más protagonismo): “¿Cuándo comenzará a reinar el silencio sobre este asunto? ¿O fue esa una promesa similar a la corteza de un pastel: hecha para ser rota?”. En algunos momentos me cansaba tanto diálogo, y eso que es más fácil que me aburra una larga descripción que un diálogo. Y a veces me parecían todos los personajes demasiado ocurrentes, pero eso no hacía que perdieran su esencia como personajes. Creo que se les reconocía bastante bien por su forma de hablar, tanto adultos como niños.

En la historia aparecen temas como el maltrato, básicamente económico y algo psicológico, la infidelidad en el matrimonio, el trato a los sirvientes y cómo muchas veces sus amos o empleadores no les tienen en cuenta. Y también salen algunas costumbres de una época indeterminada (el libro se publicó en 1947, pero probablemente se refiere a años anteriores), que a mí a veces me llamaban mucho la atención. Como los funerales, porque los hombres de la casa eran los que salían, incluido el mayordomo, pero las mujeres permanecían dentro y de luto. Sobre todo, me desconcertó que sí que pudiera ir alguien del servicio, pero no una mujer de la familia. Otra cosa que me sorprendió es, por un lado, lo grave que les parecían ciertas cosas, que a mí igual no me parecían para tanto, y, por otro, lo fácilmente que perdonaban o pasaban por alto eso que les parecía tan grave. Creo que si lo consideraban tan grave deberían haber tomado medidas más drásticas.

Me gustaron mucho algunas referencias literarias o a los libros. Que uno de los regalos navideños sean libros, o que en algún momento en que los niños están disgustados se recurra a leer en voz alta para tranquilizarlos. O que Gertrude tuviera un gran parecido físico con George Eliot (y ella parecía contenta de que se notara). Me resultó bastante increíble que un personaje no supiera leer, ni quisiera remediarlo, cuando era importante para su trabajo, aunque eso da pie a que haya una pequeña confusión que anima la trama. Y también a algunos momentos graciosos y malentendidos, como cuando ese personaje decide no continuar con un tema porque “ya había descubierto que todos los temas llevaban a un mismo fin: los libros”. Así, al principio, parece que es muy borde porque nunca da conversación a nadie, por si hacen referencia a su mayor temor: que descubran que no sabe leer. El final me gustó por ser acorde con lo que pasa en la casa. Pero creo que si hubieran pasado otras cosas me hubiera gustado más.

La traducción es de Valentina Gómez de Muñoz, revisada por Sergio Pitol, y se trata de una traducción cedida por la editorial Anagrama. No recuerdo haber visto algo así en un libro, aunque si la traducción es buena o reciente, ¿para qué empezar la traducción de cero? Como me pasa en muchas novelas, me llamó la atención el título en castellano y en inglés. El título original también me hubiera confundido, porque igualmente podría entenderse que no van a ser tan importantes los señores o ricos. Pero, además, creo que debería traducirse por «criados y criadas», o «sirvientes y sirvientas». Porque precisamente las doncellas no tienen ninguna importancia en la historia, solo se las menciona de pasada.

¿A quién se lo recomiendo?

A quien le gusten las historias sobre familias y sirvientes ingleses, con personajes bastante peculiares, y unas relaciones que no son nada idílicas. Abstenerse quien no disfrute con los diálogos.

Ritmo de lectura

Medio tirando a lento, porque tanto diálogo me saturaba y me hacía parar. Y creo que hubiera ido más lenta si no lo hubiera tenido que devolver a la biblioteca.

¿Leerías algo más de la autora?

No lo descarto, pero tengo tantos libros que me apetecen leer…

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