Érase una vez la taberna Swan de Diane Setterfield

Érase una vez la taberna Swan - Diane SetterfieldOnce Upon a River - Diane Setterfield

Sinopsis

En una oscura y brumosa noche, en el pequeño pueblo inglés de Radcot, a orillas del Támesis, los lugareños se reúnen en la taberna Swan para compartir un trago e historias llenas de sabiduría popular. Con seiscientos años de antigüedad, la posada es famosa por reunir a los mejores narradores de cuentos populares, pero esa noche la tertulia nocturna se ve interrumpida por la llegada de un hombre misterioso empapado en sangre que carga en sus brazos a una niña inconsciente. Antes de que el hombre pueda emitir explicación alguna, cae derrumbado.

Mientras tanto, río arriba, dos familias buscan desesperadamente a sus hijas, Alice Armstrong, a la que nadie ha visto desde hace veinticuatro horas tras el suicidio de su madre, y Amelia Vaughan desaparecida dos años atrás sin dejar rastro.

¿Por qué me decidí a leerlo?

Desde que salió publicada me llamó la atención, y luego leí buenas críticas de esta novela, así que tenía pensado leerla. La única duda que tenía era por la primera novela de la autora, El cuento número 13, que me dejó con una sensación extraña. Me costó pillarle el ritmo, se me hizo lenta la novela y creo recordar que hasta pensé en dejarla aparcada, pero sí que me gustó la parte final, por la trama, que me enganchó, y porque creo que aumentó el ritmo. A pesar de eso, cada vez que veía la portada me seguía tentando. Y como decía Óscar Wilde, lo mejor es acabar cediendo («La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella»).

¿Mereció la pena?

Sí, ha merecido la pena leerlo, aunque en parte me esperaba otra cosa por la sinopsis. Me esperaba más intriga (el tema de la niña ya me lo estaba imaginando, aunque algunos giros sí que me parecieron inesperados) y me sorprendió encontrarme con una novela donde casi parecía posible que existiera la magia. Pero no una magia con hechiceras o brujos, sino una especie de pequeños milagros, sin tener nada que ver con la religión. Y lo que más me extrañaba es que yo, que en otros libros soy bastante escéptica y espero siempre una explicación racional, aceptaba con mucha naturalidad que las leyendas o ciertos hechos inexplicables pudieran ser ciertos. Rita, una de las protagonistas (y algún que otro personaje), sí que busca respuestas racionales, y al final casi todo lo que pasa tiene más o menos una explicación. Pero siempre queda esa especie de halo mágico que envuelve cada una de las subtramas…

Es una novela coral, con varias tramas separadas, pero poco a poco se va viendo qué relación hay entre los personajes, o qué pasa para que se acaben juntando o ayudándose. Lo que más me extrañó es que casi todos los personajes me han gustado y me han caído muy bien, y eso no me suele pasar. Casi siempre tengo un favorito o favorita, o incluso más de uno, pero no tantos. En este caso me gustaba cómo lleva las riendas de la taberna Margot; cómo es su marido, Joe, un artista contando historias, pero con muy mala salud; o su hijo Jonathan, tan especial y muy sincero, lo que hace que sea un mal narrador de historias. También Henry Daunt, el fotógrafo, siempre queriendo ayudar; Rita, una excelente enfermera (casi doctora) y amiga, en la que siempre se puede confiar; Helena Vaughan, un espíritu libre, o su marido, Anthony, que no renuncia a ayudar a su esposa para que esté mejor, a pesar de lo difícil que parece.

Lily White me dio muchísima pena, nadie se merece una vida así, y menos estar castigándose de esa manera. Robert Armstrong me fascinó por su manera de saber tratar a la gente y a los animales, aunque tal vez su empeño con su hijo Robin me parecía excederse, incluso para alguien tan bueno como él. Bess, su esposa, al principio no me pareció muy destacable, hasta que conoces su historia pasada, y me encantó su fortaleza… También algunos más secundarios, como Ben, un muchacho que no se sabe cómo ha salido tan bien con el padre que le tocó, o el párroco Habgood, tan razonable (y que yo pensaba que ni tenía nombre, porque continuamente le llamaban solo párroco). Evidentemente no son perfectos, pero cada uno tenía algo que le hacía especial, y casi todos algo que me conmovía. Los malos no me caían bien, pero también eran bastante «buenos» en lo suyo.

Es muy destacable la importancia del río Támesis, como si fuera otro personaje más, por los efectos que tiene en la gente, sus mareas, sus leyendas… Por eso me gusta más el título en inglés (Once upon a river, que sería «érase una vez un río»), y no tanto el elegido en castellano. Aunque también es cierto que toda la historia empieza en esa taberna, precisamente un lugar donde no paran de contarse historias. Me gustaba mucho cada vez que salía el tema de narrar, sobre cómo surgen y cómo desaparecen las historias o los cuentos, o qué hace que alguien sea bueno contando una historia… También muy curioso el tema de la fotografía, el delicado proceso de revelado o los segundos que había que esperar antes de poder moverse. A mí me daba la sensación (salvo en lo de tener que esperar esos segundos eternos) de que la fotografía ha perdido un cierto encanto, por no saber cómo ha salido la foto hasta que no se revela, y no poder llevarte la agradable sorpresa o el gran chasco…

Tanto la maternidad como la paternidad son fundamentales en todas las subtramas, con una gran variedad: la familia numerosa, el padre que se sacrifica por el hijo díscolo, el padre maltratador, la mujer que no quiere ser madre porque conoce muy bien los peligros del parto, el dolor de perder a un hijo… Pero todas parecían llevar a la conclusión de que en la vida lo mejor es tener hijos, como si solo los muy desgraciados (o muy cabezotas) no llegan a ser padres o madres, y, por supuesto, esa falta aumenta más su dolor. Y a mí eso no me terminaba de convencer, porque hay gente que no puede o no quiere tenerlos, y no creo que se estén perdiendo lo mejor de la vida, cada uno tiene que vivirla como quiere (o puede). Es que ni siquiera ante una violación aparece la idea de que a lo mejor ese embarazo no debería llegar a término. Y también es importante el tema de las desapariciones, incluso si es una cerda (aunque especial, porque parece que habla), y creo que la autora refleja muy bien lo duro que es no saber qué le ha pasado a un ser querido.

¿A quién se lo recomiendo?

A quien le gusten las historias donde puede que haya un poco de magia, con personajes con problemas cotidianos y no tan cotidianos, con segundas oportunidades… Y, sobre todo, a quien le gusten las historias llenas de buenas personas, malos muy malvados, y finales felices para casi todo el mundo.

Ritmo de lectura

Lo leí a un ritmo medio, porque la intriga no me tenía muy enganchada y prefería ir degustando tranquilamente la historia.

¿Leerías algo más de la autora?

Estoy bastante segura de que sí. Ya he visto que antes publicó El hombre que perseguía al tiempo, su segunda novela, pero no me atrae especialmente, así que igual me espero a la cuarta.

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