Cuentos de mi tía Panchita

Cuentos de mi tía Panchita - Carmen Lyra

Este libro de cuentos infantiles de Carmen Lyra se publicó en 1920, y fue uno de sus mayores éxitos. Cuando estaba haciendo su efeméride me llamaron la atención, porque estos cuentos tienen influencias europeas, africanas, y, por supuesto, costarricenses, por ser el país de origen de la autora. Y quería saber cómo era esa mezcla de tradiciones orales. Además, me servía para mis dos retos de lectura para este 2020. Para el reto Todos los clásicos grandes y pequeños de Las inquilinas de Netherfield, por ser una «edición de cuentos o relatos clásicos», del nivel 2. Y para el #Reto20Pecera de La pecera de Raquel, por ser «un libro que recopile 20 historias, cuentos, relatos, biografías…». Concretamente incluye 23 cuentos. Y una introducción de Carmen Lyra, que fue la parte que más me gustó.

Me ha costado leerlo por el vocabulario, con una jerga que me costaba entender. Algunas palabras como plata (dinero) o vivo (en el sentido de listo) las comprendía, aunque no sean comunes en España. Pero estas historias también contienen muchas palabras, usadas sobre todo en Costa Rica, que he tenido que buscar en el diccionario. Por un lado, me resultaba muy curioso, y me sirvió para descubrir palabras y darme cuenta de la riqueza del idioma, pero también es verdad que hacía más lenta la lectura. Aparecen palabras como íngrimo (solitario o abandonado), tarantines (trastos o cachivaches) o cumbrera (dintel). A veces me costó mucho encontrar el significado de algunas palabras (o directamente no fui capaz de encontrarlo), así que más o menos lo adiviné por el contexto. Igual que con las expresiones, como «no se achucuyó ni se dio por medio menos», que creo que significa que no se acobardó ni pensó que era menos (que el otro), o «era el palito de sus enredos» (que por el contexto yo creo que es similar a «la niña de sus ojos»).

Me hicieron mucha gracia algunos finales, como este, mucho más original que el simple «y vivieron felices (y comieron perdices)»:

Y después vivieron muy felices.
Y yo fui
y todo lo vi
y todo lo curioseé,
y nada saqué.

O este otro, para los que quieren más cuentos:

Y me meto por un huequito y me salgo por otro para que ustedes me cuenten otro.

Cubierta de Cuentos de mi tía Panchita, con ilustraciones de Juan Manuel Sánchez. Esta versión se puede encontrar en ebook.

Son cuentos antiguos, de principios del siglo XX si pensamos en cuándo los publicó la autora, o de mucho antes, porque seguramente habrán pasado de generación en generación a saber durante cuántos siglos. Y por eso son versiones más duras que las que se encuentran hoy en día. No están nada edulcorados, aunque predominen los finales en los que el protagonista sale bien librado (aunque a veces eso no tiene por qué ser un final feliz). Y con historias así me pregunto si hoy en día sería una lectura recomendable para niños y niñas. Porque tengo dos posturas encontradas con este tema. Por un lado, entiendo que los cuentos infantiles comenzaron como una forma para aprender sobre la crueldad del mundo adulto, y me parece buena idea, aunque antiguamente creo que se excedían con la crueldad. Y, por otro, actualmente parece que lo que se busca es que los niños y niñas aprendan buenos valores, sin presentar directamente las posibles amenazas que se encontrarán al hacerse mayores. Igual lo mejor es encontrar un equilibrio, para no ocultar la realidad, pero tampoco llegar al extremo de traumatizar a nadie.

Introducción

En esta parte explica quién fue su tía Panchita, y cómo no paraba de contar cuentos, aunque el resto de los adultos despreciaban esas historias sin casi moraleja. Pero los niños y niñas de la familia adoraban a esta mujer. Sobre todo la autora, que hasta disfrutaba yendo al pozo a buscar agua con la tía, porque le contaba que en el fondo había un palacio de cristal… Y la tía Panchita no paraba de inventar historias sobre los habitantes de ese palacio. Como adulta, la autora recuerda lo mucho que disfrutaba de esos momentos con ella, y lo impaciente que se ponía cuando hacía una pausa en la narración, así de enganchada estaba… Habla también de otros familiares, como el tío Pablo, que sabía mucho de Lógica y Ética (pero poco de lo que más gusta a los niños y niñas). Pero la que dejó una huella imborrable, y probablemente ayudó a que María Isabel Carvajal (Carmen Lyra) acabara siendo escritora, fue, sin duda, la menuda, diligente y afanosa tía Panchita. Y, por todo lo que cuenta y el amor y respeto que refleja por su tía, me encantó leerlo.

Cuentos de la tía Panchita

En estos 13 cuentos se nota claramente una influencia europea, porque aparecen versiones de cuentos tan conocidos como Hansel y Gretel o Cenicienta. Aunque la mayor diferencia que encontré, a parte del vocabulario, es que los que ayudan o cumplen deseos, o por el contrario son vengativos por algo que han hecho los protagonistas, no suelen ser hadas o brujas, sino que tienen que ver con la religión cristiana. Y reconozco que me sorprendió mucho que aparecieran varias veces Dios (al que suele llamar Tatica Dios, y que al parecer significa Papito Dios), la Virgen, el Diablo, o incluso la Muerte (que en este caso no tiene nada que ver con la religión). Eso sí, en algunos casos tienen sentimientos muy humanos, de rabia, de envidia o de perder la paciencia, y eso les da un cierto toque de humor.

  • El tonto de las adivinanzas. Una de esas historias en las que los malentendidos y un poco de suerte ayudan mucho al protagonista.
  • Uvieta. Uno de los cuentos más largos, con un viejecito (el tal Uvieta), muy pobre, pero también generoso. Y muy listo, capaz de engañar a la Muerte o al Diablo.
  • Juan, el de la carguita de leña. Un hijo muy bueno, al que creen tonto, una varilla mágica, y la típica promesa de dar en matrimonio a una hija al que le haga un favor al rey, su padre…
  • Escomponte perinola. Con este ni entendí el título: «perinola» es una especie de peonza, pero «escomponte» no sé muy bien qué es exactamente (en el cuento sirve para que esa especie de peonza cobre vida y dé una paliza a quien quiera su dueño, y para pararla la orden es «componete»). La historia tiene a un protagonista «torcido», con una esposa y unos hijos muy desagradables, varios objetos mágicos y un aprovechado que engaña al protagonista.
  • La mica. La mica es una mona que habla, y, por lástima, el hijo menor (de tres hermanos) de un rey acepta casarse con ella…
  • El Cotonudo. Aquí un poco de sexismo, porque el hijo de una anciana, por ser bueno y sumiso, es considerado como una «hija mujer» (pero luego de la casa se encarga la madre). A mí me parecía más bien «cabezota», porque el muchacho se empeña en no querer casarse con una princesa enamorada de él… Y lo de cotonudo creo que viene de «cotón», una especie de tela con la que se envuelve una persona (y eso es lo que se pone él y después le llaman cotonudo).
  • La Cucarachita Mandinga. En este caso puede ser un cuento de origen africano, porque mandinga podría tener relación con un pueblo (en el sentido de grupo de gente, no de localidad) de la zona del Golfo de Guinea que se llama así. O puede ser uno de los nombres que se le da en América al diablo. Sea como sea, es una versión de La ratita presumida.
  • La suegra del Diablo. Aquí no es el Diablo el que sabe más por viejo…
  • La casita de las torrejas. Una versión de Hansel y Gretel, y con este cuento aprendí que torrejas son torrijas (y no sé por qué pensaba que sería algo muy distinto).
  • La Flor del Olivar. Una historia bastante trágica, con un rey ciego, un hijo menor muy bueno, y el hijo mayor y el mediano, muy malos.
  • La negra y la rubia. Una versión de La Cenicienta, pero con unas cuantas diferencias, como que solo hay una hermanastra, la «negra», o que el padre de la «rubia» no es precisamente una buena persona.
  • El pájaro Dulce Encanto. Otro rey ciego (y en el mismo cuento hace referencia al relato «Flor de Olivar»), tres hijos… Pero un final más feliz.
  • Salir con un domingo siete. Un pobre bueno y un rico malo, unas brujas, y una canción incompleta…

Cuentos del Tío Conejo

Esta segunda parte estaría formada por los cuentos que tienen una clara influencia africana, aunque parte de los animales que aparecen son de la fauna costarricense, y no tanto de la africana (y algunos puede que de ninguna de las dos zonas, como el tigre, que es más bien asiático). Estos no me sonaban a cuentos de mi infancia, pero curiosamente sí que me recordaban a Bugs Bunny, y también a otros personajes de los cartoons. Esos dibujos los veía de pequeña, pero no eran de mis favoritos porque siempre sufría un poco por el perdedor. En este caso el tío Conejo es todavía peor, porque en esas otras historias esas trastadas son más bien una defensa que tienen el correcaminos o el canario (Piolín) para no ser cazados o comidos por el coyote o el gato (Silvestre). Pero el tío Conejo, además de para salvarse, usa el engaño para enriquecerse o incluso eliminar a un rival amoroso. De vez en cuando intentan darle una lección, pero como es muy listo, suele salvar el pellejo.

El coyote manipulando algo y Bugs Bunny con su característica zanahoria al lado
Como no he visto tantos capítulos de estas historias, no sabía que el coyote y Bugs Bunny habían aparecido juntos. Y, evidentemente, el coyote quiere comerse al conejo… Fuente: Pinterest.
  • Tío Conejo y Tío Coyote. Presentación del tío Conejo, al que pillan destrozando la huerta de una viejita, y para librarse de ser comido enreda al tío Coyote.
  • Por qué Tío Conejo tiene las orejas tan largas. Tío Conejo no quería ser tan pequeño, fue a ver a Tatica Dios, pero acabó por desesperar al propio Dios por ser cómo es.
  • Cómo Tío Conejo les jugó sucio a Tía Ballena y Tío Elefante. Otra historia que demuestra lo liante que es, pero en este caso no es solo en provecho propio, es para que los otros dos no se unan para dominar el mundo.
  • De cómo Tío Conejo salió de un apuro. No se sabe qué le hizo a tío Tigre, pero este estaba decidido a vengarse y pidió ayuda a tía Zorra.
  • Tío Conejo comerciante. Más que comerciante, timador. Y sin tener remordimientos por lo mal que acaban los timados: tía Cucaracha, tía Gallina, tía Zorra, tío Coyote… Este cuento me pareció muy cruel. Y (creo que) es el único en el que aparece un ser humano con nombre, tío Tirador.
  • Tío Conejo y los quesos. Más engaños por un antojo: comer queso tierno. Implicados un carretero, un cartero, tío Armadillo, tía Iguana, tía Ardilla, tía Zorra y tío Coyote.
  • Tío Conejo y los caites de su abuela. Los caites son una especie de calzado, y algo tienen que ver para que tío Conejo se libre de tío Tigre, cansado de sus engaños, aunque en este caso no fueran dirigidos a él, sino a tía Palomita Yuré.
  • Tío Conejo y el yurro. Yurro es el nacimiento de las aguas (en Costa Rica), y allí van todos los animales a beber, pero tío Tigre decide instalarse al lado cuando está casi seco el río. Así que animales como tío Yigüirro (un ave de Costa Rica) no se atreven a acercarse. Tío Conejo está seguro de poder echar a tío Tigre, aunque espera algo a cambio…
  • Tío Conejo y el caballo de mano Juan Piedra. Tío Periquito Sapoyol y tía Cotorrita se casan, e invitan a tío Conejo (son de los pocos animales a los que les hace ilusión tener cerca a este liante). Tío Conejo se emborracha, y entre la borrachera y el dolor de pies por llevar zapatos nuevos, le resulta muy tentador ir en un caballo que no es suyo…
  • Tío Conejo ennoviado. O cómo para Tío Conejo todo vale también en el amor (en el que siente él, si es correspondido o no le trae sin cuidado). También aparecen tía Venada y tío Tigre…

Cómo leerlo

Descubrí que estaba en formato PDF gracias a la Imprenta Nacional de Costa Rica, que es como el BOE español, pero que, además de publicar las leyes y documentos oficiales, también ofrece libros digitales gratuitos (todos en PDF), y muchos de ellos son clásicos como este. Por si queréis leer estos cuentos os dejo el enlace: Cuentos de mi tía Panchita. Normalmente no me gusta leer en PDF, pero en este caso hice una excepción porque son pocas páginas y no creo que sea un libro muy fácil de conseguir en España (en Costa Rica seguro que sí). También se puede comprar en formato ebook, y puede que en libro físico, aunque probablemente este libro en papel y con ilustraciones (y ya que estamos, con un glosario de términos) sería una delicia.

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