El Paraíso de las Damas de Émile Zola

El paraíso de las damas - Émile ZolaAu Bonheur des Dames - Émile Zola

Sinopsis

A los veinte años, huérfana y con dos hermanos a cuestas, Denise llega a París dispuesta a trabajar en la pañería de su tío Baudu. Pero corren tiempos difíciles, el pequeño comercio está en crisis y el nuevo gigante de los grandes almacenes amenaza con acabar con él. Así las cosas, Denise tiene que emplearse en El Paraíso de las Damas «¡una tienda de novedades con diecinueve departamentos y cuatrocientos tres empleados!», propiedad de Octave Mouret. Las ideas de Mouret van a revolucionar no sólo el sistema comercial sino la misma constitución social y hasta urbanística de París. Y mientras Mouret rige los destinos de «un pueblo de coquetas» y los pequeños comerciantes resisten heroicamente, nace una historia de amor desafiante, turbadora y ardiente entre el patrón y la empleada.

Con una prosa tensa, entusiasta, fuerte y rápida, que parece dictada al compás de la implacable maquinaria comercial, El Paraíso de las Damas (1883) es una de las novelas más penetrantes, y atípicamente más optimistas, de Émile Zola.

¿Por qué me decidí a leerlo?

Hace un tiempo vi la serie Galerías Paradise, de la BBC, y me enteré de que estaba basada en esta novela de Émile Zola. Pensé en leerla algún día para ver las diferencias (y porque pensaba que el desenlace era distinto, por algo que leí en Wikipedia), pero fue pasando el tiempo y no terminaba de encontrar el momento para hacerlo. Hasta que vi que me servía para el reto Todos los clásicos grandes y pequeños de Las inquilinas de Netherfield, por ser un «clásico con adaptación en formato serie o miniserie», del nivel 2.

¿Mereció la pena?

Sí, por descubrir a este autor del que creo que no había leído nada (o por lo menos no lo recuerdo), porque me ha gustado mucho su forma de narrar, aunque en algunos momentos se me atragantó la trama. Me encantó cómo describe el trajín de las compras, y cómo consigue que avance la historia, aunque cambie el personaje en el que se está fijando el narrador. Y lo hace con unas transiciones que apenas se notan, casi como si fueran escenas de una película. Puede que estemos con el protagonista, y entonces alguien pasa y se lleva nuestra atención, y nos enteramos de qué se cuentan las clientas mientras miran las ofertas, o qué problemas tienen los empleados. A pesar de gustarme el estilo del autor, tengo que reconocer que muchas cosas que contaba, y con las que parecía estar de acuerdo el autor (o por lo menos su narrador), me irritaban bastante, pero en gran parte se debía a la época, donde los derechos laborales eran prácticamente inexistentes, y había bastante machismo. El final me pareció apresurado y un poco decepcionante, hubiera preferido que acabara de otra forma… Y también me hubiese gustado saber más del futuro de algunos de los personajes.

Sus personajes masculinos, en general, me han resultado bastante odiosos. Entre las mujeres había de todo, pero por lo menos unas cuantas me despertaban como mínimo simpatía… Pero entre ellos casi ninguno se salvaba, empezando por Mouret, el dueño de los grandes almacenes. Es muy ambicioso, pero eso me parecía en parte comprensible, aunque no podía evitar estar más de acuerdo con los pequeños comerciantes. Y me enfadaba cada vez que hacía algo para perjudicarlos, y encima sin sentir remordimientos por dejarlos en la ruina. Pero lo que no aguantaba era su concepto de las mujeres ni su forma de tratarlas (ya al principio del libro le dicen a Mouret que por cómo trata a las mujeres algún día llegará una que vengará a las demás). A sus potenciales clientas, a las que en privado reconoce que quiere exprimir económicamente, las trata muy bien y es muy galante. Con sus amantes, una variedad de clientas, empleadas o artistas del espectáculo, no es tan gentil y más bien parecen puras distracciones, de “usar y tirar”. El autor parece que nos quiere convencer de que justo se enamora de la que es especial. Pero para mí era otra cosa: el deseo de poseer lo que se le resiste, y da igual que sea una mujer o la enésima ampliación que quiere hacer en el negocio. También hay gente que quiere hacerle caer, y en otras historias lo hubiera pasado mal por él, pero en este caso me caía tan mal que hasta me parecía poco sufrimiento.

En general ninguno de los hombres que aparecen en la historia y desean a una mujer parecen capaces de aceptar un no por respuesta. Aunque su forma de no aceptarlo es variada, está el que sigue insistiendo a pesar de ser rechazado, el que trata de dar pena, el que intenta pagarla (y muchas aceptan, porque su sueldo casi siempre es menor que el de los hombres y no da para vivir), el que intenta aprovecharse de su posición, y, por supuesto, el típico acosador sexual, que se lanza sobre la mujer sin más contemplaciones. Pero todos tienen en común creer que tienen algún tipo de derecho sobre las mujeres. Algunas sacan partido de eso, pero, en general, más bien salen perjudicadas. También hay hombres que perjudican a otros hombres, en gran parte fomentado por la política de empresa de Mouret, y entre las dependientas también hay mucha competencia, aunque es menor, ya que es raro que puedan alcanzar puestos muy altos. Bourras fue de los pocos que me cayó bien, es buena persona y no quiere aprovecharse de nadie, pero también es muy cabezota y eso le acaba perjudicando, porque se aferra al pasado y el futuro le arrolla. Vende paraguas, haciendo artesanalmente las empuñaduras, y yo no paraba de pensar que lo que no debería desaparecer son sus productos, porque lo que vende Mouret no tiene nada más especial que el precio. Pero a las compradoras parece que solo les interesaban las gangas.

Denise es la protagonista femenina, y siempre que aparecía mi primer pensamiento era “pobre Denise”. Es la que consigue enamorar a Mouret porque se supone que es diferente al resto de mujeres. Cierto es que sigue siendo buena y recta a pesar de todos los maltratos y desgracias, pero lo inexplicable para mí era que ella se enamorara de él, viendo la forma que tiene de tratarla, porque para él «conquistar» parece que consiste en hacer regalos, o amenazar y chantajear si los regalos no funcionan. Y tampoco es que trate al resto mucho mejor. Ella es todo lo contrario a él. También tiene ideas para mejorar el negocio, pero no solo piensa en las ventas, también en el bienestar de los empleados. Siente pena por los pequeños comerciantes, aunque se decanta por un gran centro como el Paraíso de las Damas, porque cree que eso es el progreso y el futuro. A veces es demasiado generosa, como con sus hermanos. Pépé es el hermano pequeño, y por él se sacrifica mucho, porque tiene que pagar a alguien para que le cuide, y con un sueldo mísero. Pero es que, Jean, el mediano, ya con 16 años es un mujeriego y no para de necesitar dinero (porque muchas mujeres parecen estar con los hombres por su dinero y no por amor, o, por lo menos, no solo por amor). Es un auténtico chantajista emocional que no hace más que sablear a su hermana.

De todos los personajes, mi preferida es Pauline. No es tan buena como Denise, sobre todo a nivel moral, pero es muy buena amiga y ayuda en lo que puede a Denise desde que se conocen. A veces sus consejos no me gustaban, porque es de las que creen que es imprescindible tener un “amigo” para no ser (tan) pobre, pero tampoco era muy insistente. Me gustaba por ser desenvuelta, por no importarle lo que pensaran los demás y no callarse lo que piensa. No cree mucho en el amor, pero me parecía bastante comprensible con los ejemplos que hay en la novela. En la historia de amor principal me resultaba difícil creer que ahí hubiera mucho amor. También hay un triángulo amoroso en el que dos están obsesionados por quien no les corresponde, y la tercera en discordia llega a ser bastante cruel. Y la única historia en la que sí que parece que hay buen amor, no tiene un comienzo muy esperanzador. Ni siquiera los matrimonios son muy idílicos. Pero no solo en el amor hay obsesiones, también hay ejemplos de estar todo el día deseando la ruina de las galerías, como Baudu, el tío de Denise. O Bourdoncle, el lugarteniente de Octave Mouret, obsesionado con echar a Denise, o casi a cualquiera, porque parece que lo que más disfruta es despedir.

Por la nota al texto de las traductoras, María Teresa Gallego y Amaya García, sabemos que Zola se interesó por las nuevas galerías comerciales que estaban empezando a funcionar en París, y que recopiló mucha información. Eso se nota en el nivel tan detallado que hace del género en venta; los tipos de compradoras (los hombres poco hacen por allí, salvo pagar), como las que se exceden comprando o las que solo van a mirar; los robos (incluso describe un caso que podría ser cleptomanía); las ofertas; los escaparates y expositores… A algunas clientas también las vamos conociendo, pero me resultaba más difícil reconocerlas y recordarlas, porque van y vienen, pero casi nunca conocemos sus casas, y eso que algunas tenían unas historias personales muy jugosas… Y hasta para los dependientes resultaba difícil recordarlas o incluso saber sus nombres… En cambio, a los trabajadores de las galerías y tenderos los distinguía fácilmente. Las traductoras creo que también hicieron un buen trabajo de documentación, a no ser que fueran expertas en telas, trajes y accesorios de la época. Lo único que me chirriaba un poco era que no usaran el femenino de dependientes o clientes, porque a veces me parecía un poco confuso (sobre todo «las dependientes», que me sonaba a personas dependientes y no a las trabajadoras).

Extra – La serie (Galerías Paradise)

No pude evitar estar comparando la serie y la novela al ir leyendo, y tampoco he podido evitar hablar de la serie en esta reseña. En realidad, no se parecen mucho, es el típico caso de «basada en», en el que parece que solo se basaron en los nombres de los personajes y poco más. El principio es bastante parecido en las dos historias, pero según avanzan los capítulos cada vez se parecen menos y ya en la segunda (y última) temporada creo que los guionistas iban bastante por libre. Lo que me extrañó es que quitaran a muchos personajes, porque eso es más frecuente en películas, pero no tanto en series, en las que normalmente no tienen que recortar por falta de tiempo. Por ejemplo, a Denise le borran los hermanos y a su tío le dejan también sin esposa e hija (y así quitaron mucho drama, porque vaya cúmulo de desgracias que tiene el pobre en la novela). Aunque también añadieron otros personajes que no aparecen en la novela.

Los cambios en los personajes en la serie creo que son para hacer que resulten más simpáticos. Denise parece más fuerte y resolutiva, y, por ejemplo, para Clara, otra de las dependientas, se inventan una historia personal bastante emotiva para justificar sus actos y lo desagradable que es. Pero, a pesar de los intentos por hacer que Mouret caiga bien, conmigo no lo consiguieron, aunque no me resultó tan odioso como en la novela. Un caso extraño es el de Bourdoncle, que en la serie supuestamente sería Dudley (porque es el segundo de Mouret en la serie). El cambio de nombre no sé si es porque la serie es británica, e igual pronunciaban mal «Bourdoncle», o es simplemente porque al no parecerse en nada, mejor que fuera directamente otro personaje. Dudley, en la serie, me encantó, y me llevé un chasco al ver que no existía alguien así en la novela.

La trama me gustó más en la serie, aunque a veces me parecía demasiado culebrón, pero se entiende mucho mejor que ocurra la historia de amor principal. Y me gustaron mucho algunas historias secundarias, como el de la relación entre una madre borracha y su hija. Pero, por otro lado, la novela está genial para conocer esa época, las costumbres, los códigos sociales. O las bajezas humanas, que en la serie están mucho más edulcoradas. Zola no parece que buscara que sus personajes se redimieran o cambiaran o justificaran sus decisiones. Ni tampoco les da castigos ejemplares, solo refleja la vida como es: casi siempre injusta (y, por cierto, en la sinopsis dicen que es de sus obras más optimistas, temo cómo serán las pesimistas). En la serie, en cambio, sí que hay cambios a mejor de los personajes, y ser mala persona tiene, en general, consecuencias. Pero no sabría decir cuál me gusta más, y me alegro de que exista también la serie, porque creo que cada una me ha aportado algo distinto.

¿A quién se lo recomiendo?

A quien quiera conocer cómo era el comercio a finales del siglo XIX en París (el libro se publicó en 1883).

Ritmo de lectura

Al principio un poco lento, luego ya a un ritmo medio, porque no es una historia de las que me enganchan.

¿Leerías algo más del autor?

Sí, seguramente. Estuve mirando por si había una continuación de esta historia, porque pertenece a la serie Les Rougon Macquart (este es el volumen once), pero parece ser que solo da algunas pinceladas del futuro de Denise en otro libro. También se puede conocer algo más de Mouret, antes de embarcarse en crear estas galerías, pero prefiero leer algo que no tenga que ver con él.

2 respuestas a «El Paraíso de las Damas de Émile Zola»

  1. ¡Hola!
    No tenía ni idea de la relación entre la serie y la obra. La verdad es que de Zola no he leído nada porque siempre he tenido la sensación de que es un autor que se me haría pesado. Me quedo con tu reseña y me lo pienso.
    Un besote!! ^,^!!
    ELEB

  2. ¡Hola!
    La verdad es que yo tampoco he leído nada del autor y parece un buen sitio por donde empezar a corregir este asunto, no? Me alegro de que lo hayas disfrutado aunque en ocasiones se te hiciera un poco lento… Mil gracias por tu reseña y por traer a mi mente a un autor como Zola que como mínimo… hay que conocer! 💋

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