Lo mejor de la vida de Rona Jaffe

Sinopsis

Son poco más de las ocho de la mañana de un frío día de enero de 1952, y cientos de chicas llenan las aceras del centro de Manhattan. Las hay muy elegantes, otras muy guapas, y casi todas se dirigen hacia las cuatro paredes de un despacho donde pasarán el resto del día entre papeles, chismorreos y sueños prendidos con un clip. Entre ellas destaca una joven de pelo oscuro y mirada intensa, es Caroline Bender, y éste es su primer día de trabajo en la editorial Fabian. Ahí descubrirá un nuevo mundo habitado por hombres y mujeres que han hecho de la literatura un oficio, y muy pronto conocerá a April Morrison y Gregg Adams, que serán sus mejores amigas. Navegando como mejor saben entre editores voraces y redactores incompetentes, las tres chicas intentan conquistar Lo mejor de la vida, y cada cual lo hace a su manera. Al final, lo que conseguirán será un paso adelante hacia la madurez en un entorno duro, despiadado con los débiles; un mundo, en fin, donde los roles sociales están cambiando a marchas forzadas, pero los sentimientos aún piden a gritos un espacio propio, un lugar donde la intimidad entre un hombre y una mujer sea algo más que un juego.

Continuar leyendo «Lo mejor de la vida de Rona Jaffe»

Manías nuestras (I)

¿Secretos (in)confesables o manías? ¿Cómo lo llamaríais? Lo llaméis como lo llaméis os voy a dejar unas cuantas que tengo, y es que de “perfecto” solo tengo el apellido.

Viñeta olor a libro
Una «manía» típica de lectores. Fuente: Turrilandia.
  • Me gusta mucho más leer en papel que en libro electrónico. Me gusta el olor, me gusta pasar sus páginas y me gusta mucho ver la portada. Reconozco que el electrónico, aunque me gusta menos, es en muchas ocasiones más cómodo. Cuando vas en trasporte público pesa menos, tanto en el bolso como en la mano. También es más cómodo cuando sales de viaje, porque lo puedes meter en cualquier sitio sin peligro de que se arruguen las páginas o se estropeen. Comodísimo leerlo en la playa y que no se te llene de arena. Pero os tengo que contar un secretillo, que, por mi memoria de pez, cuando leo en libro electrónico y no veo constantemente la portada del libro, se me olvida el título que estoy leyendo. Así que tengo que volver en muchas ocasiones a la página del principio para recordarlo. Llamadme despistada, llamádmelo.
  • Ya sé que a (casi) todo el mundo le gusta que los escritores les firmen sus libros, hasta hacen colas eternas en las ferias del libro por todo el mundo para conseguirlo. No soporto hacer cola para conseguir una firma, me canso, me aburro y como no debo ser nada fetichista pues me voy a casa tan contenta con mis libros, pero sin firma. Pero tengo dos libros firmados. Uno por Antonio Gala, por pura casualidad. Justo llegaba él antes de tiempo para la firma cuando yo estaba comprando su libro en la caseta de La Feria del Libro de Madrid. Aún no había nadie esperando y el librero, muy majete, le dijo que si no le importaba firmármelo. El otro es de poemas, de un poeta desconocido por el gran público, a quien yo le gustaba y me regaló el poemario ya firmado, que él mismo había editado. Cosas de juventud.
  • ¡Hablando de poesía! Os tengo que confesar que leo muy poca poesía, ya sé que debería leer más, pero siempre me da pereza y lo dejo para otro día, y al final no lo hago nunca. Creo que mi pereza se debe a que la poesía no es como la novela, es decir, de rápida lectura. Cuando leo poesía tengo que hacerlo muy despacio, fijándome mucho en lo que quiere decir el autor y eso no me hace avanzar demasiado. Eso sí, aunque parezca una contradicción, tengo algunos libros de poesía, aunque pocos, y alguna vez leo algún poema.
  • No me gusta dejar libros a cualquiera que no conozca demasiado, por si me los pierden, deterioran o no me los devuelven. Y si sucede algo de eso, jamás le vuelvo a dejar un libro a esa persona. Eso sí, como soy muy despistada, siempre que dejo un libro lo apunto para no perderlo de vista.
  • Soy incapaz de dejar un libro a medias, tengo que terminarlos siempre. Si es horrorosamente malo, soy capaz de saltarme párrafos que me parecen poco interesantes, pero nunca lo cierro y lo doy por perdido. En el fondo pienso que, si lo dejo, a partir de la página siguiente va a pasar algo interesante, el libro va a cambiar por completo y yo me lo he perdido. Solo tengo una excepción: el Ulises de James Joyce. Nunca he sido capaz de terminarlo, de la página 100 no paso. Todo el mundo dice que es una obra maestra, pero yo no puedo con él, y eso que lo he empezado a leer en tres ocasiones.
  • Otra manía mía es que no me gustan los libros de cuentos o relatos cortos. Empiezo a leerlos, y si alguno de los relatos me gusta, quiero más, me sabe a poco y me frustra. Por eso prefiero las novelas, y si me gustan, cuanto más largas mejor, para luego no quedarme como vacía cuando se terminan, porque ya no puedo sentirme tan cerca de los protagonistas.

Ya os he contado algunas manías que tengo, y seguro que de alguna más me olvido, pero ahora quiero que vosotros me digáis cuáles son las vuestras.

Rendición de Ray Loriga

Rendición de Ray Loriga

Sinopsis

Han pasado diez largos años desde que estalló la guerra, y el matrimonio sigue sin conocer el paradero de sus hijos, sin saber si su país fue el agresor o el agredido. Fuera cual fuese el origen de la contienda, él, hombre de campo, y ella, su antigua patrona, siguen amándose y sus vidas transcurren sencilla y rutinariamente.

Un día un muchacho mudo entra en su propiedad. Al principio lo encierran como a un prisionero, pero acaban por tomarle cierto cariño y cuando las autoridades comunican que la zona debe ser evacuada y que tienen que poner rumbo a la ciudad transparente, los tres parten juntos.

Las puertas de la metrópoli muestran una clara advertencia: el aire mece los cuerpos sin vida de los traidores. En su interior, la ciudad transparente es casi un paraíso que provee a sus habitantes de todo aquello que cualquiera desearía en un hogar: armonía, limpieza y protección. Impera un orden riguroso, una calma autoritaria y una absoluta transparencia: no están permitidos los secretos ni las paredes.

En una sociedad en la que lo privado es de dominio público, en un mundo feliz y asfixiante que ataca pasivamente a la dignidad del ser humano, emergen los más estremecedores augurios de nuestro futuro.

Continuar leyendo «Rendición de Ray Loriga»