El único egoísmo aceptable es…

Podría parecer que ninguno lo es, pero Jacinto Benavente compartió que:

El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor.

En realidad, egoísmo debería significar simplemente “práctica del yo” (porque ego equivale al yo, e ismo significa práctica, doctrina o actividad). Normalmente se considera un defecto ser egoísta, es decir, pensar primero en uno mismo y (casi) nada en los otros. Pero como veremos por las frases de los siguientes escritores y escritoras, no siempre es tan malo. O, mejor dicho, nos lo podemos tomar con humor.

Niña agarrando tres muñecas
La niña de la imagen da la impresión de no querer compartir a sus muñecas, típica reacción en la niñez, y esa época es cuando se espera que aprendamos a no ser egoístas y compartir… Fuente: Pinterest.

Continuar leyendo “El único egoísmo aceptable es…”

Villa Vitoria de D. E. Stevenson

Villa Vitoria - D. E. StevensonVittoria Cottage - D. E. Stevenson

Sinopsis

Cerca de Wandlebury, el pueblo en torno al cual gira la saga de la señorita Buncle y Las cuatro Gracias, hay otro pueblecito, Ashbridge, donde la gente «tiene algo isabelino» y es «sencilla y valiente». En las afueras se alza Villa Vitoria, que un capitán mandó construir «después de luchar en la batalla de Vitoria y contribuir a la expulsión de José Bonaparte de España». Ahora esta romántica casa de campo es famosa por su jardín florido y por la hospitalidad y buen humor de su residente, Caroline Dering, viuda de un hombre a quien solo se recuerda por su antipatía y fatalismo, y madre de tres hijos. Corren los tiempos de la inmediata posguerra: las heridas de la Segunda Guerra Mundial aún no han cicatrizado, el racionamiento limita la vida e impone el ingenio o la resignación, y el pueblo sirve de refugio a seres atormentados por la reciente experiencia, como el señor Shepperton, que se instala en la posada del pueblo con un trágico y misterioso pasado a cuestas. El señor Shepperton hace buenas migas enseguida con la señora Dering … pero ésta no cuenta con que la llegada de su hermana Harriet, célebre actriz de los escenarios londinenses, pueda complicar las cosas.

En Villa Vitoria (1949) volvemos a encontrar el gusto de D. E. Stevenson por la comedia campestre y por las «dificultades» de pequeños personajes que «se parecían mucho a las del ancho mundo, pero vistas desde el otro lado del telescopio».

Continuar leyendoVilla Vitoria de D. E. Stevenson”