Vigo y Julio Verne

Lo normal suele ser que el autor primero visite un lugar, y que el lugar le sirva como inspiración para una o varias de sus obras. Pero en el caso de Julio Verne pasó al revés: primero escribió sobre la bahía de Vigo, y diez años después, de forma casual, acabó visitando Vigo.

Monumento a Verne, sobre unos tentáculos
Monumento a Julio Verne cerca del Real Club Náutico, junto a los jardines de Montero Ríos. La escultura en bronce es obra de José Molares, y fue donada en 2005 por la Asociación de Mujeres Empresarias de Pontevedra. Fuente: Wikipedia.

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Nacimiento de Carmen Naranjo

Carmen Naranjo Coto nació el 30 de enero de 1928 en Cartago, Costa Rica. Su padre era de Santa Cruz de Tenerife y su madre de origen sefardí. Cuando la tienda de telas de su padre quebró, la familia se marchó a San José. A los siete años contrajo poliomielitis, empezó a ser educada en casa y se aficionó a la literatura. Empezó a escribir discursos sobre solidaridad, que luego leía su padre en un club local. En 1953 se licenció en Filología. Publicó en 1961 América (Poema geográfico y sentimental), y en 1966 su primera novela, Los perros no ladraron. Siguió escribiendo poesía, como Canción de la ternura, Misa a oscuras, o Idioma de invierno; novelas, como Camino a medio día o Memoria de un hombre de palabra; ensayos; obras de teatro; cuentos… y mientras también se dedicó a la política y a la función pública. Fue embajadora en Israel, ministra de Cultura de Costa Rica, directora de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en América Central y México.

Carmen Naranjo
Carmen Naranjo. Fuente: Exposición acerca obra de Carmen Naranjo al costarricense, artículo de Semanario Universidad.

Más información:

https://es.wikipedia.org/wiki/Carmen_Naranjo

La semilla de la bruja de Margaret Atwood

La semilla de la bruja - Margaret AtwoodHag-Seed - Margaret Atwood

Sinopsis

Es un lunes cualquiera de enero, y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos, ese hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad.

Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. Ensayo tras ensayo, los actores convierten la obra en un asunto muy personal. Ahí descubren algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

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