Vergüenza de Karin Alvtegen

Sinopsis

A primera vista, Monika y Maj-Britt son diametralmente opuestas. Como médico jefe, Monika es una mujer realizada y extrovertida, mientras que Maj-Britt –una solitaria con graves problemas de sobrepeso– aniquila moralmente a todo asistente social que se le asigna. No obstante, tienen una cosa en común, un pasado amargo que las obliga a rechazar a quienes tratan de aproximarse a ellas. Hasta ese momento, ambas mujeres han vivido sus vidas sin conocerse, pero el cambio está a la vuelta de la esquina. Un hecho inesperado pondrá en marcha una cadena de sucesos que hará inevitable el encuentro de ambas y las empujará a una situación límite. ¿Serán capaces de reconciliarse con su pasado y con la vergüenza? ¿O será necesario sacrificar algo por el camino?

Vergüenza es un inquietante drama psicológico en torno a la complejidad de las relaciones humanas y a la dificultad del ser humano por zafarse del pasado. Karin Alvtegen confirma con esta novela su posición destacada dentro del panorama actual de las letras escandinavas.

Continuar leyendo «Vergüenza de Karin Alvtegen»

Manías nuestras (I)

¿Secretos (in)confesables o manías? ¿Cómo lo llamaríais? Lo llaméis como lo llaméis os voy a dejar unas cuantas que tengo, y es que de “perfecto” solo tengo el apellido.

Viñeta olor a libro
Una «manía» típica de lectores. Fuente: Turrilandia.
  • Me gusta mucho más leer en papel que en libro electrónico. Me gusta el olor, me gusta pasar sus páginas y me gusta mucho ver la portada. Reconozco que el electrónico, aunque me gusta menos, es en muchas ocasiones más cómodo. Cuando vas en trasporte público pesa menos, tanto en el bolso como en la mano. También es más cómodo cuando sales de viaje, porque lo puedes meter en cualquier sitio sin peligro de que se arruguen las páginas o se estropeen. Comodísimo leerlo en la playa y que no se te llene de arena. Pero os tengo que contar un secretillo, que, por mi memoria de pez, cuando leo en libro electrónico y no veo constantemente la portada del libro, se me olvida el título que estoy leyendo. Así que tengo que volver en muchas ocasiones a la página del principio para recordarlo. Llamadme despistada, llamádmelo.
  • Ya sé que a (casi) todo el mundo le gusta que los escritores les firmen sus libros, hasta hacen colas eternas en las ferias del libro por todo el mundo para conseguirlo. No soporto hacer cola para conseguir una firma, me canso, me aburro y como no debo ser nada fetichista pues me voy a casa tan contenta con mis libros, pero sin firma. Pero tengo dos libros firmados. Uno por Antonio Gala, por pura casualidad. Justo llegaba él antes de tiempo para la firma cuando yo estaba comprando su libro en la caseta de La Feria del Libro de Madrid. Aún no había nadie esperando y el librero, muy majete, le dijo que si no le importaba firmármelo. El otro es de poemas, de un poeta desconocido por el gran público, a quien yo le gustaba y me regaló el poemario ya firmado, que él mismo había editado. Cosas de juventud.
  • ¡Hablando de poesía! Os tengo que confesar que leo muy poca poesía, ya sé que debería leer más, pero siempre me da pereza y lo dejo para otro día, y al final no lo hago nunca. Creo que mi pereza se debe a que la poesía no es como la novela, es decir, de rápida lectura. Cuando leo poesía tengo que hacerlo muy despacio, fijándome mucho en lo que quiere decir el autor y eso no me hace avanzar demasiado. Eso sí, aunque parezca una contradicción, tengo algunos libros de poesía, aunque pocos, y alguna vez leo algún poema.
  • No me gusta dejar libros a cualquiera que no conozca demasiado, por si me los pierden, deterioran o no me los devuelven. Y si sucede algo de eso, jamás le vuelvo a dejar un libro a esa persona. Eso sí, como soy muy despistada, siempre que dejo un libro lo apunto para no perderlo de vista.
  • Soy incapaz de dejar un libro a medias, tengo que terminarlos siempre. Si es horrorosamente malo, soy capaz de saltarme párrafos que me parecen poco interesantes, pero nunca lo cierro y lo doy por perdido. En el fondo pienso que, si lo dejo, a partir de la página siguiente va a pasar algo interesante, el libro va a cambiar por completo y yo me lo he perdido. Solo tengo una excepción: el Ulises de James Joyce. Nunca he sido capaz de terminarlo, de la página 100 no paso. Todo el mundo dice que es una obra maestra, pero yo no puedo con él, y eso que lo he empezado a leer en tres ocasiones.
  • Otra manía mía es que no me gustan los libros de cuentos o relatos cortos. Empiezo a leerlos, y si alguno de los relatos me gusta, quiero más, me sabe a poco y me frustra. Por eso prefiero las novelas, y si me gustan, cuanto más largas mejor, para luego no quedarme como vacía cuando se terminan, porque ya no puedo sentirme tan cerca de los protagonistas.

Ya os he contado algunas manías que tengo, y seguro que de alguna más me olvido, pero ahora quiero que vosotros me digáis cuáles son las vuestras.

Nacimiento de James Joyce

James Augustine Aloysius Joyce nació el 2 de febrero de 1882 en Dublín, Irlanda. Escribió sobre lo que conocía, así que existen bastantes paralelismos entre lo que vivió y las personas que conoció con lo que aparece en sus libros. A pesar de que sus publicaciones eran valoradas, para subsistir dio clases, y también recibió dinero de benefactores anónimos. La publicación de Ulises, su obra maestra, fue gracias a Sylvia Beach, dueña de la librería Shakespeare & Company de París. Después de leerlo, Carl Jung pensó que Joyce tenía rasgos esquizofrénicos, pero él pensaba que era genialidad. W. B. Yeats, que le ayudó para que publicara en varias revistas, le ofreció pertenecer a la Academia de las Letras Irlandesa, pero lo rechazó.

James Joyce
Fuente: La ciénaga del subconsciente, artículo en El País sobre la influencia del catolicismo en James Joyce.

Más información:

https://es.wikipedia.org/wiki/James_Joyce